Lunes 10.12.2018

El legado coruñés de Ricardo y Ángela Labaca

Ricardo Labaca es un personaje poco estudiado, (salvo la pequeña biografía realizada por Manuel Blanco Rey, párroco de Morás-Arteixo). Nace en A Coruña el 7 de octubre de 1842.

El edificio que albergó las Escuelas Labaca es uno de los más representativos del estilo modernista en la ciudad	patricia g. fraga
El edificio que albergó las Escuelas Labaca es uno de los más representativos del estilo modernista en la ciudad patricia g. fraga

Ricardo Labaca es un personaje poco estudiado, (salvo la pequeña biografía realizada por Manuel Blanco Rey, párroco de Morás-Arteixo). Nace en A Coruña el 7 de octubre de 1842 y fallece el 23 de diciembre de 1915. Ricardo Labaca junto con su hermana Ángela, se convierten en dos filántropos de la ciudad, al fundar las Escuelas Labaca, que posteriormente donarían a la Municipalidad. Estos centros eran en su origen conocidos como las Escuelas Católicas de Ave María, pero que el pueblo se encargó pronto de rebautizarlas como las populares “Escuelas Labaca”.
La idea de la fundación sale de Ricardo Labaca, por influencia de Andrés Manjón, canónigo del Sacro Monte de Granada. Se crean así las Escuelas del Ave María, que se dedican a la memoria de don Juan Bautista Labaca y de su esposa doña Antonia Fernández Pérez, como así lo quieren sus hijos.
Este patronato después de la muerte de Ricardo, estará formado por Ángela Labaca Fernández y Andrés Manjón. Juan Castro Mosquera fue el encargado de vender la finca para la ampliación del centro a Ángela Labaca y José Sánchez Mosquera, canónigo de la Colegiata de La Coruña, y apoderado de Andrés Manjón.

andrés manjón
Ricardo Labaca, ejerció de magistrado durante su estancia en la Audiencia de Granada y tuvo ocasión de conocer a un catedrático de Derecho canónigo de aquella Universidad, Andrés Manjón Manjón, quien, contemplando el abandono en que se hallaban las clases humildes, resolvió fundar una obra pía a sus expensas. Fueron las Escuelas de Ave María, que se levantaron en el barrio de gitanos de aquella ciudad andaluza en 1889 y a cuya obra dedicó íntegramente sus ingresos de la canonjía que había ganado por oposición en 1886.
Bajo la orientación que Ricardo Labaca extrajo de aquel filántropo granadino, cuando regresó a La Coruña, puso en práctica aquella idea y legó al pueblo coruñés un centro educativo de igual clase en una de las barriadas por entonces más humildes de la ciudad, el barrio de pescadores, situado en Santa Lucía. Este espléndido conjunto arquitectónico, se levantó en 1912, en lo que entonces era una finca conocida por el nombre de Barreira, sita en las Huertas de Garás, a pie del Camino Nuevo, hoy calle de Juan Flórez. Tenía de cabida 5 áreas, que confinaba por el Norte con el labradío de Domingo Patiño, por el Sur con la muralla de la huerta de los herederos de Español, por el Este con la carretera de Castilla y por el Oeste con otra heredad más elevada de Francisco Blanco.
En septiembre de 1915 Ricardo y Ángela Labaca abren su escuela en Juan Flórez, en un lugar en que las familias humildes dedicadas al sacrificio del trabajo carecían, en su mayoría, de medios para subsistir y por tanto para dar alguna educación elemental a sus proles. Aquel magnífico edificio fue diseñado por el arquitecto coruñés Leoncio Bescansa, que venía a ser en La Coruña uno de los más prestigiosos de la época. Seguía el estilo marcado por el precursor del modernismo español, Antonio Gaudí, y convirtió a las Escuelas Labaca en una muestra del arte de este género en La Coruña, siendo un modelo de referencia la estilada torre central que ensancha el cuerpo de su conjunto y le da una gran vistosidad.
Ricardo Labaca había puesto en funcionamiento una fundación para gestionar las escuelas y logró que el propio Andrés Manjón llegase a formar parte de aquel patronato coruñés. Ricardo Labaca apenas pudo disfrutar de aquella magna obra por él fundada, pues falleció a los tres meses de haberla abierto.
Por su parte Ángela, fundó en 1926 el Sanatorio Labaca, en el bello paraje de Monserrat, el cual estaba destinado a la maternidad de las mujeres coruñesas de clase humilde.

maternidad
A su muerte, quedó como patrono de la Fundación Labaca, según testamento, José Atanagildo Pardo de Andrade y Sánchez, abogado y vecino de La Coruña. Ángela Labaca dejó dispuesto un amplio margen de maniobra para dedicar los terrenos adquiridos en Monserrat a clínica sanitaria, estando autorizados para ello Hilario Núñez de Cepeda, Atanagildo Pardo de Andrade, José Soto Valcárcel, José Villar Martelo y Magdalena García Baquero. Estos terrenos, a falta de ser facilitados por el Ayuntamiento, según era el propósito de su hermano Ricardo, habían sido adquiridos por Ángela.
El 1946, el Ayuntamiento se muestra interesado en adquirir esta clínica para transformarla en hospital municipal, llevándose a efecto el 28 de enero de 1950 la firma de la escritura de adquisición de dicho sanatorio, que pasa así a ser gestionado por el Ayuntamiento. Durante 20 años fue hospital municipal y en 1986 se destinó a Centro Oncológico Regional de Galicia.
Ángela Labaca falleció el 28 de febrero de 1929 y su entierro tuvo lugar al día siguiente, convertido en una sentida y emotiva despedida de la ciudad a esta benefactora, a la que le rindió un póstumo homenaje en su camino hacia el campo santo coruñés.
Frente al sanatorio se fundó la Capilla Labaca. El autor del proyecto, cuyas obras se iniciaron en 1926 y acabaron tres años después, fue el arquitecto Leoncio Bescansa Casares, que ideó para el lugar un edificio de estilo ecléctico, como era habitual en sus obras más singulares. La actual iglesia situada en Eirís desde la cual se domina la ría del Pasaje, formaba en su origen parte del propio sanatorio Labaca, dedicado a instalación de asistencia maternal de carácter benéfico y atendido por la congregación religiosa de las Hijas de San Vicente de Paúl.

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