jueves 24/9/20

El Ayuntamiento tardó cuatro años en reubicar a más de la mitad de la población del núcleo de A Pasaxe

La inserción laboral y los efectos medioambientales son dos de los problemas que quedan por resolver
Todavía subsisten 13 “unidades convivenciales” en el poblado | PATRICIA G. FRAGA
Todavía subsisten 13 “unidades convivenciales” en el poblado | PATRICIA G. FRAGA

El paso que se dio esta semana para eliminar el poblado de A Pasaxe derribando cuatro chabolas y reubicando a sus ocupantes, es uno más que se encuadra dentro de un largo proceso lleno de incertidumbres. Hace cuatro años, el Ayuntamiento contabilizaba, a través del Equipo de Hábitat Digno, 31 familias en este núcleo, y actualmente solo quedan 13. Es decir, que se han realojado menos de cinco familias al año La concejala de Bienestar Social, Yoya Neira, asegura que el trabajo que se lleva a cabo es constante, pero más allá de la reubicación en viviendas dignas, el Ayuntamiento tiene que afrontar otro dos problemas íntimamente relacionados: la inserción laboral y el efecto medioambiental .

Una gran parte de la población de A Pasaxe se dedica a recolectar y vender chatarra, profesión que a veces compaginan con otras actividades, como la de feriante. Esa la es razón de que se hayan mostrado tan reticentes e abandonar el poblado: necesitan un lugar para almacenar la chatarra y en A Pasaxe lo hacen gratuita e ilegalmente: montañas de desechos se acumulan, produciendo lixiviados cuando llueve que acaban desaguando en la ría. A día de hoy, el del poblado de A Pasaxe es el único punto de vertido no controlado en la ría. El resto se solventó durante el anterior mandato

Esta práctica contaminante no termina cuando el chabolista encuentra una vivienda adecuada: muchos de ellos siguen acudiendo a lo que queda del poblado para seguir trabajando con la chatarra. En muchos casos, queman los electrodomésticos para poder llegar al metal que es reciclable, de ahí las columnas de humo que surgen del poblado periódicamente. Esta operación les permite vender el metal a un precio mayor en las chatarrerías, pero tampoco pueden hacerlo en un piso. Por eso algunos ya recurren a almacenar material ilegalmente en fincas.

Individualizado

En el caso de la etnia gitana, es paradigmático el caso de Mulleres Colleiteiras, la cooperativa de aceite usado que la ONG Arquitectura sen Fronteiras consiguió desarrollar para fomentar el empleo femenino. Pero, por lo que parece, el Ayuntamiento no se plantea fomentar una cooperativa de chatarreros. El equipo de Bienestar Social apuesta por un enfoque individualizado: entrevista a cada chabolista para conocer su situación y en función de su perfil, se le busca el recurso más apropiado, ya sea a través de iniciativas públicas o privadas.

Algunos están por alfabetizar. Otros tienen experiencia laboral regulada, otros precisan un carné de manipulador de alimentos. En todos los casos, se trata de aumentar la empleabilidad de miembros de un colectivo instalado en la precariedad y que en muchos casos se mantienen gracias a la Renta de Integración Social de Galicia (Risga).

En todo caso, la integración social de los chabolistas no es fácil. A día de hoy, la mayor parte de los que se trasladaron del poblado de Penamoa tras su demolición en 2012 para construir la Tercer ronda siguen siendo dependientes, en muchos casos acumulan deudas e impagos de alquiler de los pisos en los que fueron instalados. Hay que recordar que los Servicios Sociales ofrecen pagar el 80% del alquiler de un piso durante cinco años. Pero, sin un futuro laboral, este plazo se vuelve indefinido.

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