jueves 18.07.2019

“El año pasado detectamos casi cien productos defectuosos, el doble que otras comunidades”

Directora del Laboratorio de Consumo desde hace más de once años, esta química destaca el carácter puntero de la institución, única en España, que cumple su 25 aniversario.

Natalia Crespo, en uno de salas del Laboratorio de Consumo | quintana
Natalia Crespo, en uno de salas del Laboratorio de Consumo | quintana

Natalia Crespo González, licenciada en Ciencias Químicas, y funcionaria de la Xunta es directora del Laboratorio de Consumo de Galicia, situado en A Grela. Lleva once años en su actual cargo en el Laboratorio, del que en junio se cumplirán 25 años desde su apertura. Se trata de unas instalaciones punteras y prácticamente únicas en su género en toda España, acreditadas por la Entidad Nacional de Acredicatación (Aenac), 

¿Qué bienes de consumo analizan aquí? 

Todo menos la comida. 

¿Todo? 

Tenemos cinco departamentos e intentamos cubrir casi cualquier  producto que no sea un alimento que esté a disposición de los consumidores: está el laboratorio mecánico, donde se analizan juguetes y productos tan dispares como una silla o un mechero; hay  un laboratorio eléctrico, donde se analizan las guirnaldas, tostadoras, bases múltiples... y un laboratorio textil, de los más acreditados del mundo.

¿Tan bueno es el nivel? 

Casi podemos compararnos con los laboratorios chinos, que son los mejores y más grandes del mundo. Claro que en China se fabrica todo, así que es normal. Pero nuestros ensayos sirven de referencia para intercompararse prácticamente con cualquier laboratorio del mundo, que entienden que nuestro ejercicio es de los más importantes, junto con China, India o Sri Lanka 

¿Sri Lanka? 

Claro, tiene una gran producción textil, y por lo tanto,  laboratorios. 

¿Hacen muchos exámenes? 

El año pasado detectamos cien productos que no pasaron los exámenes, eso es casi el doble que en otras comunidades. 

¿Cien de cuántos? 

De quinientos.

¿Uno de cada cinco no son muchos productos? 

Nosotros encontramos mucho porque buscamos mucho, y porque nuestros inspectores son sumamente expertos y porque apuntamos el tiro hacia las cosas que puedan causar problemas.

¿Cuál es el procedimiento que siguen para localizar los productos? 

Los inspectores de consumo lo que hacen es ir a las tiendas y comprar, como haría cualquier consumidor, los productos que luego sometemos a análisis. 

¿Cómo saben qué tienen que buscar? 

Se fijan en algunas cosas, como los precios. Si normalmente un producto que cuesta veinte euros vale diez o menos, de repente...

O sea, que hacen como todo el mundo: se tiran a los precios 

(Ríe) Todos los años proponen campañas de control sobre distintos tipos de productos. Siempre tratamos de añadir un plus, ir a por cosas que están manifestándose como peligrosas o que generen un problema. Este año hacemos análisis tóxicos muy complejos en juguetes, como los ftalatos. 

“Efalato”... 

(Sonríe) Los ftalatos son aditivos para hacer los plásticos más blandos. Hay una normativa europea que dice cuánto se puede utilizar porque si pasa de un porcentaje, genera un riesgo tóxico. Es un análisis complejo que desarrollamos en este laboratorio, con la ayuda de la Universidad de A Coruña

¿Colaboran a menudo con la Universidad? 

Tenemos un convenio de colaboración científica: ellos nos ayudan a poner a punto técnicas analíticas y vamos con ellos a congresos internacionales. Además, sus becarios acuden aquí a realizar sus prácticas. Somos un laboratorio muy novedoso. Prácticamente en España no hay otro como el nuestro. 
  
Casi parecen un centro de investigación. 

Sí, nosotros investigamos en el campo del consumo para que los consumidores estén cada vez más protegidos. Siempre intentamos innovar e investigar. Dar un paso más en los productos que se han analizado menos o usar técnicas más novedosas. 

¿Tienen todos los medios que necesitan para su trabajo? 

Venimos de una época en la que hemos pasado tristezas y penurias y un problema muy importante es que los equipos en este campo son muy caros, pero nosotros hicimos una inversión muy modesta en una impresora 3D que nos ha dado una versatilidad inmensa para hacer pruebas, porque si hubiéramos comprado todas las piezas que necesitábamos...

 ¿Qué tipo de piezas fabrican con su impresora? 

Por ejemplo, hacemos nuestros propios juguetes porque a veces no son muy homogéneos. Si coges tres del mismo tipo, no puedes estar seguro de que sean iguales, así que fabricamos nuestros propios juguetes en la impresora 3D y se los mandamos a otros laboratorios para comprobar que todos tengamos los mismos resultados. Y eso nos valió un premio en un congreso...

Está muy orgullosa de su labor. 

Tengo el mejor personal que se puede tener: gente innovadora, competente y comprometida. Por eso estamos donde estamos. Siempre nos gustaría tener más pero con la gente que tenemos estamos haciendo mucho más de lo que se esperaría. Nuestro laboratorio, que goza de un prestigio importante está siendo requerido por otras comunidades autónomas para que les hagamos ensayos, lo que es una fuente de ingresos más.  Lo malo es que a nivel europeo no recibimos los fondos que necesitamos. 

¿La UE no apoya a Consumo? 

Prefiere invertir el dinero en otros campos, medio ambiente, por ejemplo. Pero Consumo es muy horizontal. Está tan cerca del ciudadano que la gente que trabaja aquí está comprometida. 

¿El público entiende su trabajo? 

Sí, sí que entiende. Nosotros nos empeñamos en formar al consumidor, es una de nuestras tareas, y la etiqueta es un tema fundamental. No debemos no mirarla. Es la garantía de lo que estamos comprando. En juguetes, por ejemplo, hay varios aspectos fundamentales: la marca CE es obligatoria porque los fabricantes le están diciendo al consumidor: “Yo estoy cumpliendo la normativa”. Y además, se pone la dirección y los datos para que se pongan en contacto. Pero, además, hay advertencias, como las de edad. Hay juguetes que no podemos dar a los niños más pequeños. 

¿Atienden casos particulares? 

La gente viene a reclamar directamente. Parece que estamos aquí aislados (en el polígono de A Grela), pero las reclamaciones que ponen en la oficina de Consumo municipal nos llegan a nosotros. Casi el 40% de lo que analizan es por reclamaciones de particulares.

¿Cuáles son sus quejas? 

Normalmente son problemas de calidad, que se rompen rápido. Esperas una calidad y luego no corresponde a la publicidad. Como tela que se estropea con la limpieza o temas de móviles. 

¿Hay muchas de esta últimas? 

Averías que dicen que no les cubren las garantías. En 2008 tuvieron un pico tremendo, pero cada vez recibimos menos. Porque cada vez son mejores y fallan menos, porque la gente los sabe utilizar mejor y porque es una competencia que nos están quitando. 

Siempre se escucha hablar de lotes de productos retirados por tóxicos pero luego resulta que solo son peligrosos si se ingieren en cantidades enormes. ¿No exageran un poco? 

La europea es de las normativas más garantistas del mundo. Nosotros manejamos más de mil normas técnicas y cuando detectamos el incumplimiento hay que hacer una valoración de riesgos para saber qué posibilidad hay de que se materialice, pero la normativa pretende prevenir, y si llegásemos a permitir que la gente se hiciera daño, mal lo estaríamos haciendo. Las barreras las ponemos muchísimo antes, y los niveles de toxicidad tienen que ser muy bajos, para asegurarnos.

Si pones a una bolsa y a un niño juntos, lo primero que hace es meter la cabeza dentro

En diversas épocas del año, normalmente coincidiendo con un momento de frenesí consumista, los técnicos del laboratorio centran su atención en una gama de productos en especial.  Ahora le toca el turno a los disfraces, con la llegada del Carnaval, así que los trajes en sus envoltorios de plástico se amontonan en las mesas del laboratorio, a la espera de que un técnico los examine cuidadosamente. 
 
¿Cuál es el procedimiento? 

Dividimos los disfraces para niños y adultos. Los de niños son juguetes, y tienen que cumplir toda la normativa de juguetes: cordones, piezas, pequeñas, inflamabilidad...

¿Pueden arder? 

Hace algunos años hubo un accidente, analizamos disfraces que resultaron ser inflamables. Pero no nos encontramos grandes problemas, incluso en los más  baratos, porque existen fórmulas químicas que revisten el tejido. Pero hay que averiguar si esas fórmulas son seguras, porque podemos estar generando un riesgo químico. 

¿Cómo puede haber un riesgo? 

De cualquier manera hemos llegado a analizar disfraces para analizar problemas como capuchas o caretas que cubren la cabeza para asegurarnos de que permiten respirar o que los disfraces no tengan cuerdas o cintas que se enganchen o botoncitos. Incluso examinamos las bolsas en las que vienen. Si incumplen la normativa, damos la alerta. 

¿También la bolsa? 

Pones a una bolsa y a  un niño juntos y lo primero que hace es meter la cabeza. Hay normativas que establecen cómo deben ser las bolsas de juguetes: deben ser de un plástico grueso para que si un niño respira dentro no se le pegue a las vías, etcétera. 
Parece que tienen que estar en todo. Hay muchos peligros.  
Pero el mercado se regula muy bien. Cuando les alertamos, hicieron plásticos microperforados para evitar el riesgo de asfixia. O el caso de los cordones, cuya normativa se puso a funcionar no hace tantos años: antes las capas de superhéroe y dráculas iban con unas lazadas, ahora ya no se pueden hacer así, para evitar estrangulaciones; ahora hay velcro. 

¿Los adultos también se hacen daño? 

Pasó con las bolsas de agua caliente el año pasado, que se estaban comercializando unas de muy mala calidad. Así que les sancionamos para que mejoraran.

¿Qué daño puede hacer una bolsa de agua? 

La gente se quema con ellas. Por ejemplo si te pones una bolsa de agua a ochenta grados en la barriga porque te duele y se rompe. Hay accidentes reportados. 

¿Cómo actúan cuando pasan cosas como esta?  

Cogemos y peinamos el sector y los sancionamos severamente.  Por eso no hay noticias de gente intoxicada. La normativa es muy garantista.

Sin embargo, la gente sostiene que antes era mejor, que las cosas se hacían “para durar".

(Menea la cabeza) Si hablamos del mundo de los juguetes, aquellos de lata, tan añorados, el riesgo que conllevaban de cortes y laceraciones, sería impensable. Si pensamos en los diseños de juguetes para menores de tres años, antes no había nada. Y ahora hay un montón. 

¿Ocurre lo mismo en general?  

Con los aparatos eléctricos, igual. No solo son más seguros, sino que son más seguras las casas. Ahora todo es mejor.

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