martes 20/10/20

Muxía muestra su indignación por la nueva imagen del santuario da Barca

Lo que debió ser un acto tranquilo y hasta alegre de recepción de la obra por parte del Arzobispado de Santiago tras un año de trabajos y más de 736.000 euros gastados, se convirtió en toda una protesta vecinal en la que no hubo aplausos ni sonrisas, sino abucheos y lágrimas y solo una palabra resonaba en las bocas del más de centenar de vecinos que se congregaron en el templo: “chapuza”.

Los presentes corearon consignas como “fuera, fuera” en el acto	efe
Los presentes corearon consignas como “fuera, fuera” en el acto efe

Pocas cosas hay con las que se identifiquen más los muxiáns como con el santuario da Barca. Es por eso que cuando las llamas arrasaron el templo la mañana del día de Navidad de 2013, el pueblo entero miraba desolado  como ardía una de sus señas de identidad y la misma desolación e incredulidad se hicieron notar ayer, más de un año después, pero con la diferencia de que, esta vez, fue la indignación la que se abrió paso entre los vecinos de la localidad por el resultado de la restauración del interior del santuario y se preguntaban “onde está a nosa Barca?”

Lo que debió ser un acto tranquilo y hasta alegre de recepción de la obra por parte del Arzobispado de Santiago tras un año de trabajos y más de 736.000 euros gastados, se convirtió en toda una protesta vecinal en la que no hubo aplausos ni sonrisas, sino abucheos y lágrimas y solo una palabra resonaba en las bocas del más de centenar de vecinos que se congregaron en el templo: “chapuza”.

Más allá de las paredes manchadas por la humedad o de la falta ya prevista del retablo principal que fue calcinado por el incendio, lo que de verdad enfureció a los muxiáns fue la baja calidad de los elementos de madera instalados: el nuevo altar o el sagrario están hechos de chapa, la puerta de la sacristía, ahora de una hoja, obstaculiza al abrirse buena parte del altar y las escaleras para acceder a la sacristía tienen huecos sin tapar, lo que supone un serio problema de seguridad.  

Además, criticaron que los retablos e imágenes que se salvaron y que supuestamente restauraron siguen ennegrecidos por causa del humo y calificaron el nuevo camerín de la Virgen como un despropósito, asegurando que si se abre, cae la imagen. Por todo eso pidieron que no se firmara la recepción de la obra.

“É vergonzoso o que se fixo co santuario, podían ir comprar os mobles a Ikea e aforraban os cartos, porque non podía quedar moito peor”, manifestaba Mariluz González, una de las vecinas que, aunque no estaba previsto, tomó la palabra para explicar el malestar de los presentes por las obras.  

“Muxía non merece isto, sinvergüenzas”, gritaban los vecinos al vicario general del Arzobispado compostelano, Víctor Maroño, y a los representantes de la empresa y arquitectas encargadas de las obras. Muchos eran de la opinión que el Arzobispado tenía que haber aceptado el ofrecimiento de la Xunta de pagar la obra civil y concentrar sus esfuerzos en el interior para dejar el santuario en condiciones. Otro de los vecinos, Ángel Castro, dijo que la arquitecta y representantes de la empresa se rieron de los vecinos y lo consideró “unha falta de respecto”.

El alcalde, Félix Porto, también mostró su indignación porque el Arzobispado tomó las decisiones de forma unilateral y dándole la espalda a los vecinos y al propio Concello. “É certo que é propiedade da igrexa, pero tamén é a casa de todos os veciños”, destacó.

  Aunque del lado de los vecinos, el regidor se mostró conciliador y recomendó a los responsables del Arzobispado que no comentan los mismos errores con el retablo principal que debe “valorizar el templo” en respeto a los miles de devotos que todos los años acuden al Santuario da Barca.  “Debemos escoitar os que saben, que son os técnicos de arte -expresaba Porto- e en Muxía temos a sorte de contar con varios técnicos” como Antón Castro, que ha hecho mucho por el santuario, por lo que “se debe ter en conta a súa opinión”. Continuó el alcalde diciendo que la propuesta de Castro es la de contactar con proyectistas de talla internacional para que diseñen y realicen el retablo para que “o santuario teña un retablo á altura do que se merece A Barca”.

Obras de urgencia

Ante el enfado de los muxiáns una de las arquitectas encargadas del proyecto defendió que las obras en el santuario no son las definitivas, porque lo que se pretendía con esta actuación era realizar trabajos de urgencia que permitieran la restauración del culto religioso en el menor tiempo posible.

Con respecto a las humedades, explicó que se deben a la carga de agua que soportaron los muros mientras el templo estuvo sin cubierta, por lo que pasarán varios años antes de poder darles el acabado definitivo.

Por su parte, Maroño afirmó que esta fase que recién finaliza es solo la primera y que se realizarán otras dos fases de restauración en el santuario.

Comentarios