jueves 22.08.2019

Héctor Cañete | “Nos sentimos ninguneados por la Marea; el eslogan era el diálogo pero fue la época de mayor oscurantismo”

presidente de la asociación de hostelería de a coruña El representante confía en que la llegada del PSOE al Gobierno local permita recuperar las relaciones bilaterales
Cañete defiende que hay que acelerar la tramitación de las licencias  | quintana
Cañete defiende que hay que acelerar la tramitación de las licencias | quintana

Con años de experiencia y relación con las administraciones a sus espaldas, el presidente de la Asociación de Hostelería de A Coruña, Héctor Cañete, lamenta la situación a la que se ha empujado al sector.

Los hoteleros cuentan con sus previsiones de ocupación. ¿Cómo se plantea el verano para el sector de la hostelería?

Tenemos unas expectativas que son un poco las de toda Galicia. En Galicia tenemos un motor turístico muy importante que es el Xacobeo 20-21 y ya se está generando una ola de promoción turística y de afluencia de turistas en la que La Coruña se ve arrastrada. No obstante, no está funcionando como un polo de atracción individualizado, algo que sí ocurre en Santiago. La ciudad no tiene un objetivo claro ni está funcionando por sí sola.  

¿Han salido a promocionarla al exterior?

Con el Clúster de Turismo fuimos a dos ferias, la World Travel Market y la ITB de Berlín, y nos hemos promocionado de dos maneras. Una con la campaña Galicia Friendly en la que trabajamos en la mejora de las capacidades lingüísticas, del inglés, en los locales de hostelería para ser más amigables con el turista internacional. Al mismo tiempo estamos trabajando con otro grupo que se llama la Fuerza del Norte en el que estamos las asociaciones de hostelería del norte de España para promover el Camino de Santiago a través del norte.

Desde verano de 2017 existe un Plan Estratégico de Turismo. ¿Han detectado una mayor afluencia de visitantes que vinculen al desarrollo de esa iniciativa?

No, la  verdad es que no hemos tenido ese contacto fluido con el Ayuntamiento que nos haya permitido trabajar todos los aspectos a fondo. No ha habido esa colaboración y no hemos visto que ese plan turístico esté funcionando de una forma potente y que haga que notemos que los números hayan mejorado. Los datos nos los tienen que dar ellos pero nosotros no hemos percibido una mejora.

La Marea dejó cerrados los grandes conciertos de las fiestas de María Pita. ¿Qué opinión han originado entre los empresarios con locales cerca de la plaza?

El cartel de fiestas siempre es difícil, complicado, y hay que esperar un poquito a ver cómo reacciona la gente porque nunca se sabe exactamente qué es lo que va a conseguir los llenos. Lo que nos preocupa es que uno de los eventos que ha perdido mucho fuelle es el Noroeste Pop Rock: ha pasado de ser un referente que llenaba la playa durante tres días con 100.000 personas a ser un concierto que no moviliza absolutamente a nadie. Incluso se puede decir que genera pérdidas en el sector porque se hacen contrataciones amplias de personal pensando en un lleno y después si no hay nadie, hay pérdidas.

A pesar de las bromas que generó, ¿habría que traer artistas del perfil de Rafael como hace unos años?

Desconozco cuál es el problema pero bien es cierto que en la playa hay grupos muy reducidos. Los gastos son los que son y las cajas dicen lo que dicen. Es un evento que hay que potenciar pero normalmente grupos o cantantes con cierta solera son los que mejor funcionan. Algún cantante orientado a un público un poquito más mayor genera un polo de atracción turística porque genera que gente de otras provincias se desplace hasta aquí a cenar y a dormir, cosa que no ocurre con un grupo muy bueno coruñés al que le tengamos mucho cariño. Aquí hay quien se desplaza a Santiago o Vigo a un concierto y hace gasto allí.

Respecto al ocio, ¿cuál es la situación de los locales nocturnos?

No repunta ni va a repuntar. Se mantiene en una situación similar a años anteriores. Se ha focalizado en unas determinadas zonas y el problema que tiene es el mismo que la hostelería en general pero agravado: la facturación que se produce se centra en una franja horaria muy pequeña y, encima, muchas veces se llena un establecimiento pero eso no quiere decir que la gente consuma. Si ves un restaurante lleno quiere decir que la gente está comiendo pero si tienes un pub lleno puede ser que todo el mundo esté charlando porque ha hecho botellón, porque lleva una carga de alcohol, porque las copas, teóricamente, tienen un precio que no puede pagar o porque ha cambiado el modelo de ocio. Eso genera que el ocio nocturno esté en una situación muy complicada que lleva arrastrando muchos años.

¿Seguirán luchando contra el botellón?

Desde el primer momento mantengo una posición firme y no la he cambiado nunca. Hay que prohibirlo porque es una actividad insalubre no regulada y de la que los responsables son los ayuntamientos. Si los hosteleros somos responsables de que los menores no consuman alcohol en nuestros establecimientos, el Ayuntamiento es responsable de que los menores no consuman alcohol en la vía pública.

¿Qué otras demandas trasladarán al Gobierno local y a la concejala de Comercio y Turismo?

Les transmitiremos que el botellón es una actividad que da mala imagen y que hay que regularla. Pero lo primero que les vamos a plantear es que esto tiene que ser un punto de inflexión respecto a un mandato anterior en el que no hubo entendimiento con el Gobierno municipal, hubo una situación distante en la que se hacían cosas en esta ciudad sin consultarnos o, por lo menos, informarnos y que pudiésemos ayudar y colaborar por el bien del municipio ya que somos la imagen que se lleva el turista. Se hacían cosas sin contar con nosotros, muchas cosas se hicieron mal y hubo un malgasto de fondos públicos porque se han hecho acciones que costaron muchísimo dinero y que no tuvieron retorno.

¿Se sintieron perjudicados directamente por Marea Atlántica cuando estaba en el poder?

Nos sentimos ninguneados. Sobre todo porque desde el primer momento el eslogan del alcalde era el diálogo y la apertura y fue la época de mayor oscurantismo, donde no hubo un contacto fluido y no pudimos trabajar.

Hubo muchas críticas por la tardanza de los trámites burocráticos. ¿Quedaron proyectos por el camino por este problema?

No hubo una facilidad en la tramitación ni fluidez en la resolución de problemas con las licencias. Cuando uno plantea que va a abrir un negocio de hostelería debe tener en cuenta que una licencia tarda sobre un año y durante ese tiempo se tiene que pagar la renta. Pedimos celeridad en la tramitación de las licencias. La burocracia administrativa hace que muchas veces ya empiece mal un negocio y que termine cerrando y dando pérdidas.  

Una vez pasada esa etapa, ¿abogan por eliminar el chinchetazo o extenderlo a toda la ciudad?

Las condiciones tienen que ser iguales para todos. Cuando se implantó el chinchetazo nosotros dijimos que se delimitase pero la forma de implantación no debía de haber sido por el ordeno y mando, había que hacer una implantación coordinada teniendo en cuenta excepciones. Ahora hay que seguir extendiéndolo pero también es importante que haya una supervisión por parte del Ayuntamiento para que se cumpla la norma.

Existe cierta crisis pero al mismo tiempo notan que les es difícil encontrar personal.

Son problemas distintos. El de personal lo tenemos todo el año pero en verano se encuentra agravado porque aumenta la contratación. La hostelería está quedándose sin personal; hay una demanda altísima porque hay muchísimos locales en España y hace falta una cantidad de personal muy amplia que no se cubre.

Pero si hay parados, ¿la pega es que no tienen formación, que los salarios son bajos o que no se quiere trabajar en el sector?

El problema no es económico porque la hostelería está bien pagada, mucho mejor que el comercio, pero las jornadas laborales son complejas y a los primeros que hay que educar son los clientes. Tienen que acostumbrarse a que hay unos horarios de cierre que hay que cumplir y la gente los incumple, por ejemplo, llegando tarde a cenar. De hecho, hay una campaña que empezamos en las asociaciones de hostelería del norte para que las cocinas se cierren a una hora. La gente se tiene que acostumbrar a que, como en muchísimos países del mundo, las cocinas tienen su horario porque si los empleados no pueden conciliar su vida laboral con su vida familiar no quieren trabajar en hostelería.

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