El San Juan hace arder A Coruña con el número de hogueras más alto de la noche mágica

El fuego dio cuenta de la falla en poco tiempo y dio inicio a la noche mágica | jacier alborés

No fue la Noche de San Juan más despejada del mundo y la temperatura era demasiado fresca para algunos, pero no importaba: junto a las hogueras había calor. No solo el que aportaban las llamas, sino el alcohol y la comida. Durante todo el día se respiraba la expectación del público, que esperaba a que se pusiera el sol y que quería celebrar un San Juan como el de antes de la pandemia. La prueba de que había ganas es que el Ayuntamiento registró una  cifra récord de 718 peticiones de hogueras, cuando lo habitual son menos de 400.


Muchas de ellas estaban esparcidas por Monte Alto, uno de los barrios donde más se vive estas fiestas, pero prácticamente podían encontrarse las parrillas y fogatas de punta a punta: en la plaza de A Cubela, en la calle de Emilia Pardo Bazán y en la plaza Elíptica. El olor de las sardinas que crepitaban en las parrillas podía olfatearse en cualquier rincón, mientras los vecinos cogían fuerzas para las celebraciones de la noche.

 

Miles de personas se congregaron para contemplar los fuegos artificiales

 

 


En realidad, la fiesta había empezado por la mañana, con algunas actividades infantiles como las que se celebraron en la plaza de España. Juegos populares, talleres de hierbas, y la actuación de Pakolas permitió a los niños entretenerse la espera hasta la llegada de la noche mágica, que ellos también esperaban.


Playas


Pero la verdadera acción, como siempre, estaba en el Orzán y Riazor, donde comenzaron a congregarse verdaderas multitudes a partir de media tarde. Allí un servicio de vigilancia velaba para que no se bajara madera que no estuviera limpia de clavos y barnices, o recipientes de vidrio. A cambio, se entregaba madera apropiada para poder alimentar las hogueras que ya estaban preparadas en cada rincón, puesto que el día anterior los más previsores habían corrido a marcar su lugar. En todo caso, las playas se llenaron de plástico, como es habitual, a pesar de los deseos de la alcaldesa de “evitar las escenas de años anteriores”.


Las playas ya estaban muy llenas de gente que estaba terminando de comer a las diez y media de la noche cuando Los Mecánicos comenzaron a tocar.


Ese fue el punto de inflexión para el resto de la noche, cuando el nivel de diversión comenzó a subir, a medida que lo hacía el humo de las hogueras, que se confundía con el gris del cielo, que estaba empezando a oscurecer. Algunas hogueras ya estaban ardiendo en algunos puntos de la ciudad, encendidas sin duda por los vecinos más impacientes, pero la mayoría aguardó hasta que llegó el momento álgido de la noche más corta del año. Para ese entonces, el Paseo Marítimo, que había sido cortado al tráfico horas antes, estaba abarrotado de gente disfrutando de la fiesta y de la música, porque hay que recordar que si San Juan es la noche más corta del año, no solo astronómicamente, sino porque es una en las que los coruñeses se lo pasan mejor, y de las que, en algunos casos, de las más borrosas.

 

La fiesta comenzó con la música de Los Mecánicos en el Paseo Marítimo

 


Cuando llegó la medianoche, los ánimos estaban encendidos incluso más que las hogueras. Junto a la falla, en Riazor, que representaba a tres meigas celebraban un aquelarre en el que quemaban las mascarillas de la pandemia (una imagen que reforzaba el carácter purificador de la hoguera de San Juan). Los encargados de prender la llama fueron los jugadores de hockey del Liceo, que se han convertido en héroes locales tras ganar por octava vez la liga.


Después de aquello, sonó la traca final y el cielo se llenó de fuegos artificiales. Era la medianoche y la fiesta de verdad había comenzado. A esa hora, para los que contemplaban el arenal desde lejos, Riazor y Orzán parecían salpicados de llamas, un hermoso espectáculo que no habían podido contemplar en dos años, puesto que en 2021 se prohibió acceder a los arenales. Era la verdadera vuelta al San Juan que rubricaba el fin de la pandemia, y todos estaban dispuestos a celebrarlo.


Hubo música, y risas, y por supuesto alcohol, lo que no siempre  hace una buena mezcla con el fuego, pero no importaba: todo el mundo estaba feliz porque la pandemia hubiera pasado y los servicios de emergencia estaban allí para curar las quemaduras de los demasiado entusiastas. Olvidada la amenaza de la lluvia, que había mantenido a muchos en tensión, nada parecía capaz de detener el San Juan de los coruñeses, a los que la verdadera libertad les olía a humo. 

El San Juan hace arder A Coruña con el número de hogueras más alto de la noche mágica

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