La sala que se convirtió en el cebo para los nuevos visitantes de la Casa de los Peces

Los visitantes observan cómo flotan las sepias, criadas en las propias instalaciones de la Casa de los Peces | patricia g. fraga

El día de ayer se celebró el 23 aniversario del Aquarium Finisterrae, uno de los museos más conocidos y con más visitantes de la ciudad. Y para celebrarlo, se reformó un tanque para especies de aguas profundas, de esas que rara vez tiene la oportunidad de contemplar el ojo humano. Aquello atrajo a docenas de visitantes que buscaban “la nueva sala” de la Casa de los Peces. Aquello quizá decepcionó a más de uno, pero sin razón: los técnicos habían dispuesto para celebrar la ocasión dos nuevas muestras: las sepias del tanque circular y las especies profundas en una cabina recién reformada

En esta enorme pecera, situada dentro de una cabina donde no llega la luz ambiental ni eléctrica, se recrea un ecosistema de fauna profunda, con especies que viven entre los 100 y los 400 metros de profundidad. Los habitantes de un entorno semejante, frío y oscuro, son muy distintos de los que nadan por las aguas más cercanas a la costa, y que se pueden observar a simple vista por pescadores o incluso por bañistas durante el verano.


Entre los peces se encuentran algunos realmente curiosos por su morfología, como el pez trompetero (Macrorhamphosus scolopax), que es muy espectacular por su boca con forma de tubo, o el pez de tres colas (Anthias anthias), con grandes y delicadas aletas. También resulta curioso el pequeño ochavo (Capros aper), de forma redondeada y ojos grandes; y entre los invertebrados destacan los pequeños cangrejos sastre (Galathea strigosa), que serán fáciles de reconocer por los visitantes porque lucen una coraza roja sobre la que muestran bandas azules transversales.


Sepias de la casa

Pero mientras que algunas de las especies de aguas profundas son nuevas, las sepias del estanque circular son nativas del Aquarium Finisterrae. Los cefalópodos fueron criados por los técnicos en las instalaciones y se encuentran en su casa, a sus anchas, en el estanque circular, sosteniendo la mirada a los niños que los observan con atención a través del cristal, atraídos por las rayas que exhiben en su piel que, en realidad, tienen como objetivo atraer a las hembras.


Muchos de los niños que ayer visitaron el Aquarium Finisterrae ya habían estado en él. No es de extrañar, puesto que en los 23 años que lleva abierto, el museo ha recibido más de seis millones de visitantes pero la noticia de las nuevas especies los ha llevado de nuevo allí. También ellos, como las sepias, están en casa.

La sala que se convirtió en el cebo para los nuevos visitantes de la Casa de los Peces

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