La población de los núcleos periféricos aumentó en lo que va de siglo en medio de transformaciones

Vista de la arteria principal de Novo Mesoiro, uno de los núcleos que más creció en lo que va de siglo | Quintana

En lo que va de siglo la ciudad ha sufrido grandes cambios a nivel social o de infraestructuras. También a nivel poblacional, aunque el grueso de la población no haya sufrido tantas variaciones, desde los 241.000 con los que cerraba el siglo XX, a los poco más de 247.000 que el Ayuntamiento contabilizaba a finales del pasado 2021. Y es que la distribución de los vecinos ha ido cambiando, sobre todo en los núcleos periféricos donde, en general, aumenta el número de habitantes, pero entre grandes transformaciones en su distribución.


El Instituto Nacional de Estadística (INE) diferencia entre cuatro grandes unidades poblacionales en los márgenes externos de la ciudad: el de San Vicente del Elviña (en el que engloba no solo San Vicente y el Castro, sino también núcleos como Mesoiro, Fontaíña, Vio, Zapateira o Santa Gema), San Cristóbal (en el que aglutinan también A Grela, San José, A Silva, Cances, Someso o el Martinete), Visma (Comeanda, Bens, O Portiño, Penamoa o Mazaido) y Santa María de Oza (Monsterrat, Lamadosa, Eirís, Casablanca o Curramontes).


En general, estos cuatro entornos aumentaron su población, sobre todo el de San Vicente, que pasó de poco más de 5.000 habitantes en el año 2000 a más de 16.400, auspiciado por el auge de Mesoiro; o los núcleos San Cristóbal, que pasó de 2.800 a 6.400.


En detalle

Pero estos aumentos se deben al citado auge de ciertos entornos, como es el caso de Novo Mesoiro (que impulsó el número de vecinos de Mesoiro de menos de 500 a más de 8.000 en veinte años), la zona de Montserrat (que al final del siglo contaba también menos de medio millar de habitantes y en 2021 tenía el triple), Zapateira (que pasa de 400 a más de 2.400) o entornos como San Pedro de Visma (que tenía unos 1.300 habitantes en el año 2000, mientras que en 2021 contabilizaba más de 2.200).


Pero, por el camino, otros núcleos poblacionales históricos de la ciudad han perdido peso, algunos llegando incluso a contar sus habitantes con los dedos de una mano.


Es el caso del entorno de Gramela, donde el INE situaba al final del pasado siglo a unos 17 vecinos, mientras que en 2021 contabilizaba solo a dos.


Algo similar en San José, donde habitaban una treintena de personas hace 22 años, mientras que a comienzos de 2021 eran tan solo ocho.


En Oza, lugares como Monte Mero contaban con más de seis decenas de habitantes hace dos décadas, mientras que ahora el INE los sitúa con menos de una veintena (16).


En Elviña también perdieron peso, aunque en menor medida, núcleos como Fontaíña (que tenía 64 vecinos en el 2000 y 56 en 2021) o Vío (de 27 a 23).


Otro ejemplo es Penamoa, con casi medio millar de habitantes al comienzo del siglo, que 20 años más 

tarde son menos de un centenar (84).


Subidas más leves

Por otro lado, hay otras zonas que sí que vivieron aumentos considerables, pero no tan drásticos como los citados de Novo Mesoiro, por ejemplo.


Es el caso del Martinete, cuya población aumentó en algo más de un 13% en 20 años; de Cances, donde subió un 18%; de Palavea, donde crecieron sus vecinos en casi un 14%; Comeanda, donde aumentaron en torno a un 5%, o de Curramontes, en más de un 60% en estas dos décadas.

La población de los núcleos periféricos aumentó en lo que va de siglo en medio de transformaciones

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