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Los bañistas de San Amaro sufren una oleada de ataques de escarapote

La arena de San Amaro oculta los peces venenosos que ya suman más de cincuenta víctimas en lo que va de verano solo en este arenal | quintana

Últimamente, parece que las noticias de ataques en el mar las protagonizan las orcas. Estos cetáceos golpean los cascos de las embarcaciones que navegan demasiado cerca de ellas, muchas veces dañando su timón y obligándoles a pedir auxilio. Pero mientras esto ocurre en alta mar, en la orilla también está teniendo lugar una menos conocida oleada de ataques. Las últimas estadísticas municipales apuntan a un incremento inusitado de picaduras de escarapote en la playa de San Amaro: son más de cincuenta en lo que va de temporada de baño, lo que es más que Orzán y Riazor, juntos. Las autoridades desconocen la causa.


Sin embargo, los datos están ahí: en lo que va de temporada de baño, que comienza cuando los socorristas hacen acto de presencia por primera vez en los arenales (el 15 de junio) la playa de San Amaro no ha dejado de crecer en incidencias y es precisamente por los constantes ataques el escarapote. En total, se registraron 86 incidentes con este pez hasta el 31 de julio. Y de estos, 54 (el 62%) se registraron allí.


Que en esta pequeña playa, casi de barrio, se hayan registrado más ataques de este pez que en cualquier otro, incluidos los grandes arenales de Riazor y Orzán, resulta muy llamativo. En este último, por ejemplo, solo se han registrado dos casos en quince días. En el Orzán ha habido más, 16, mientras que en Oza se  detectaron 14 casos mientras que en ninguno en As Lapas. Tampoco la nueva zona de baño de O Parrote, ha sido el escenario de ningún ataque, pero esto no es de extrañar, porque es un paseo sin arena donde puede ocultarse el pez, solo rocas.


El factor arena


Más difícil es explicar la predilección del escarapote por San Amaro. Puesto que la temperatura del agua es parecida en todas playas, la explicación más plausible es la arena, más fina que la de Riazor y Orzán, que en los últimos años ha recibido el aporte de áridos traídos de cantera para sustituir a la que ha arrastrado el mar. El pez que se esconde bajo una capa superficial de arena, y le resulta más fácil hacerlo cuanto más ligera es. De hecho, en los últimos años el número de picaduras en Riazor y Orzán ha ido descendiendo sin parar en los últimos años. En Miño, por ejemplo, se contabilizan ocho picaduras al día, e incluso en A Coruña, hace 25 años, cada temporada de baño finalizada con medio millar de casos.


El escarapote, o faneca brava, suele atacar con la marea baja, aunque quizá sea injusto llamarlo ataque, puesto que es el bañista el que pisa el pez escondido bajo su manto de arena. Es algo más que una sorpresa desagradable: las tres púas de su lomo están cargadas de un veneno irritante que provoca un gran dolor y el bañista a veces llega al puesto de socorrismo medio mareado.


“Tu vas andando tranquilamente, en marea baja, y te pinchas en la planta del pie sin esperarlo”, explican. Rápidamente, la zona afectada se vuelve rojiza y se experimenta mucho dolor. El único tratamiento indicado es sumergir en pie en agua caliente, “tanto como el paciente la soporte, durante diez minutos. No hay otra receta”. A veces es necesario acudir a los servicios médicos para que receten antiinflamatorios. Todo depende del umbral del dolor de cada uno, porque la faneca brava no perdona. 

Los bañistas de San Amaro sufren una oleada de ataques de escarapote

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