El largo viaje de ida y vuelta desde la playa de Dunkerque

El barco, de 19 metros de eslora, en una imagen reciente | patricia g. fraga
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No ocurre a menudo, pero algunos barcos parece que surcan la historia igual que surcan las olas. Sucede en ocasiones con los veleros de madera, y es fácil adivinarlo en el caso de los buques escuela, pero son pocos los que subsisten: el mar los corroe tanto como el tiempo. Por eso es tan especial encontrarse, como escondido detrás del edificio del Real Club Náutico, una verdadera joya naval: el “Noneta”, un yate construido en 1935. Parece un barco de recreo, pero su papel más importante fue mucho más serio: es una de las pocas embarcaciones supervivientes de a famosa evacuación de Dunkerque.

El bautismo de fuego de “Noneta” es uno de los episodios más famosos de la Segunda Guerra Mundial, recientemente inmortalizado en la película de 2017, “Dunkerque”, de Christopher Nolan, que narra como miles de soldados británicos quedaron atrapados en la costa después de ser derrotados por el ejército Alemán, en 1940. El bombardeo germano les acorraló en el canal de La Mancha, y fue necesario enviar a todas las embarcaciones disponibles, incluso las civiles, para evacuarlos a Dover, en Gran Bretaña, en lo que se denominó “Operación Dinamo”.


El barco sirvió en labores de vigilancia en la costa británica y a principios de este siglo fue sometido a una extensa rehabilitación aunque conserva su estilo de época 



En aquella época, “Noneta”, en ese momento una flamante y moderna embarcación con casco de acero y más de 19 metros de eslora, pertenecía al brigadier Sir F.W.C. Featherson-Godley, que era presidente de la Legión Británica. Cuando estalló la guerra, el ya fue requisado participó en ella, una más de 800, y consiguió regresar cargada de soldados, alguno que no consiguieron unas 243, que acabaron en el mar.

Mientras duró el conflicto, “Noneta” siguió participando en él. Su principal labor fue patrullar y detectar minas, así como barcos y aviones enemigos, bajo el nombre de HMS N33 en el Escuadrón Victoria en Porsmouth, bajo el mando del subteniente A.J. Potter-Irwin. Afortunadamente, nunca fue detectada por un submarino alemán, y “Noneta” pudo licenciarse con honores y convertirse de nuevo en una embarcación que permitiera disfrutar del mar, que había sido su propósito original.



Remozada


Pero lo cierto es que últimamente “Noneta” no surca las aguas. Permanece anclada en el muelle a la espera de un nuevo dueño, puesto que está a la venta tras el fallecimiento de su anterior propietario, que se encargó de remozarla totalmente. En 2002 con casi setenta años a cuestas, “Noneta” se sometió a una revisión total para modernizar todos su sistemas, dotándole de todos los adelantos, como radar, GPS, telecomunicaciones, electrodomésticos, y un nuevo motor, que fue que fue rehecho en 2004 y en 2019 por última vez.

Pero, a pesar de estos adelantos, “Noneta” sigue siendo lo que siempre fue: una embarcación de lujo, con espacio para seis invitados en tres camarotes, y con dos cuartos de baño en suite, Los paneles de caoba y el comedor, con un gran bar en una esquina, transportan a los pasajeros a otra época igual que los motores los llevan a otro lugar. Una época más civilizada en la que la gente se vestía para cenar, y en las que los coctails se mezclaban con la cháchara sobre partidos de cricket y las carreras de Ashcot. Y también sobre cómo marcha la guerra, claro. En cierta manera, “Noneta” es una embarcación de película. 

El largo viaje de ida y vuelta desde la playa de Dunkerque