Falta de todo

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Los austriacos parece que dan por hecho que van a quedarse sin luz, pero no sólo ellos, sino Europa entera. Si esto del suministro eléctrico funcionara como antes, sería cosa de que alguien se subiera a una silla para arreglar los plomos, pero ya no hay plomos y el apagón general obedecería a causas intrincadas y misteriosas, si bien tampoco se puede descartar que no haya misterio ninguno y que lo de quedarnos a oscuras de pronto no sea sino un aviso más de que ésto, esta suicida manera de vivir destrozando la casa que habitamos, el planeta, se va al carajo. Al mundo le quedan dos telediarios, tres a lo sumo, con tantas y continuadas sevicias a la Naturaleza, pero ésto no parece preocupar tanto como la escasez de microchips, esa cosa sin la cual se ha podido vivir siempre. Todo, hoy, necesita microchips, los coches sin ir más lejos, pero, ¿para qué demonios necesita microchips un automóvil? En serio: ¿Para qué los necesita? No será para rular, pues de toda la vida funcionaron sin ellos. Lo más probable es que los únicos que necesitan que haya microchips sean los que los fabrican, los tíos más ricos del mundo.

Los recursos se agotan, pero incluso los que no se agotan se los apalanca alguien, algún estado, para que parezca que escasean y lograr más poder y más dinero. El caso es que empieza a faltar de todo, la luz, el gas, el carbón, el aluminio, el acero, y ya se dice que, a su rebufo, faltarán en breve también los comestibles, la ropa, y, desde luego, todos los adminículos de la quincalla tecnológica de la que la gente está colgada: móviles, tablets, ordenadores... Todas esas escaseces, las reales y las ficticias, anuncian días sombríos, pero sólo para unos, no para otros.

Falta de todo, pero cuanto más les falte a unos, a la mayoría que sobrevive como puede, les irá sobrando a otros, esa minoría que acapara cada día más y más la riqueza del mundo y a la que, podemos estar seguros, no va a faltarle de nada, ni coches, ni casas, ni yates, ni cuentas en Suiza, ni bandejas de percebes con cuya extracción alguien se jugó la vida, ni luz, ni agua, ni microchips de esos. Vienen tiempos de escasez y de abundancia, y si algún gobierno intenta equilibrar ese dislate para ir tirando, ora con una tímida Ley de Vivienda, ora con una Reforma

Falta de todo