La tormenta estaba sobre la Zarzuela

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Lo menos que puede decirse es que no ha sido la mejor semana que recuerda Felipe VI, un Rey a quien las encuestas muestran como un jefe del Estado querido y sobre cuya honradez pocas dudas pueden albergarse. Pero cuando la fiscal general del Estado acudió a la Zarzuela para entregar la Memoria anual de la Fiscalía, la tormenta perfecta se abatía no solo sobre las zonas devastadas por la DANA, no; una gran tormenta se situaba peligrosamente sobre la Casa del Rey, incapaz de solucionar a través de la comunicación el que va a convertirse en problema número uno para un país en el que problemas no faltan: un problema enunciado como ‘el futuro de Juan Carlos I’. ¿Qué hacemos con Juan Carlos I?

Cuando, el pasado 3 de agosto, se entrevistaban en Marivent Felipe VI y Pedro Sánchez, esta tormenta ya se barruntaba sobre las sienes del a mi juicio mejor Rey en la Historia de España. Aunque el presidente del Gobierno aseguró que no se había abordado la cuestión del regreso o no a España del emérito, la sombra de Juan Carlos I pesaba, y pesa cada vez más, como una losa sobre la Corona.

Y la estrategia de tratar de hacer olvidar las numerosas irregularidades cometidas por el anterior jefe del Estado, simplemente no ha funcionado: se ha ahogado tal estrategia, sumida en un mar de filtraciones, de torpezas de la Fiscalía, de divisiones en el seno del propio Ejecutivo. Un mar en el que se incluyen equivocaciones tan palmarias como la gestión de la salida de Juan Carlos I del país en el que durante cuarenta años fue jefe del Estado. En este marco, el viernes llegaba una inconveniente filtración, presuntamente procedente de la Fiscalía o de la Agencia Tributaria, que señalaba al emérito como presunto ‘comisionista’ de obras públicas del Estado. La Fiscalía, que increíblemente aún demora su dictamen sobre si ha lugar a querella contra Juan Carlos I, se vio acusada por la defensa del emérito de vulnerar su presunción de inocencia. Y la abierta pelea entre ambas partes salpicó el encuentro de Dolores Delgado con el inquilino de la Zarzuela.

La misma Memoria que la fiscal general entregaba el viernes al Rey será una de las piezas centrales en el acto de apertura del año judicial, que, con la presencia del Monarca, se celebra este lunes en medio de mayor caos y divisiones que se recuerdan en el mundo togado. La división política sobre la constitucionalmente necesaria renovación del poder de los jueces va a ser una espada de Damocles sobre este acto lleno de togas, condecoraciones, puñetas y* tensiones sin cuento. Uno de los errores más graves del mandato de Pedro Sánchez fue, desde luego, designar a la hasta entonces ministra de Justicia como fiscal general del Estado. Y ahora el Gobierno, que creo que es consciente de su equivocación, no puede destituirla.

Que el Rey se vea relacionado, aunque sea fotográficamente, con todo cuanto la señora Delgado y sus circunstancias implican, es mala noticia. Que la ceremonia más solemne de los jueces se celebre en un clima de ruptura sin precedentes entre los togados es síntoma aún peor. Y el caso es que dos personas, en una reunión que no tiene por qué ser necesariamente larga en La Moncloa, podrían desatar el nudo gordiano judicial de discordia que ahoga a la democracia española, comenzando, ya vemos, por su más alta institución. Se llaman Pedro Sánchez y Pablo Casado, pero abandonemos, temo, toda esperanza.

La tormenta estaba sobre la Zarzuela