Sin ningún argumento

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El Deportivo rozó el ridículo en Villarreal. Una vez más el público local se lo pasó en grande con la ola en la grada vitoreando a los suyos mientras aplastaban a un rival tibio, acomodado, que nunca planteó batalla.

Los de Víctor no dispararon a puerta en todo el primer periodo, dejaron sus carencias defensivas y ofensivas al descubierto, fueron superados clara y cómodamente por el conjunto de Marcelino, no estuvieron acertados en ninguna de las dos áreas, ni en la zaga ni en vanguardia, jugaron sin sangre... No se puede sacar nada positivo de la visita a Villarreal. Los coruñeses encajaron pronto, en el minuto 9, tras un desajuste defensivo en un cambio de orientación en la que Cheryshev conseguía disparar entrando por el flanco izquierdo. Fabricio -el único que se salva de la ‘desfeita’ junto con Sidnei- evitaba el gol en primera instancia pero el rechace de su parada era aprovechado por Dos Santos para marcar y poner el 1-0 en el electrónico de El Madrigal.

Como casi siempre el equipo contestó a la acción, esta vez con un balón al que Toché no llegaba por milímetros, pero no tuvo más argumentos en el primer tiempo. Fue un monólogo del Villarreal, que no tenía ni que recuperar la pelota porque la perdía el propio Deportivo una y otra vez. Sólo se atacaba por la banda derecha, siendo demasiado previsibles, con Fariña sin protagonismo en un costado, con poca o ninguna presión a la salida de la pelota.

Los pocos ataques eran centros que volaban hacia nadie porque no había rematadores en el área. Mientras tanto, cada vez que el Villarreal llegaba al área blanquiazul generaba una clara ocasión de gol que, a veces Fabricio, otras Sidnei, desbarataban como podían. Vietto en el 19, Jaume Costa en el 27, Uche en el 38, pudieron establecer un resultado mucho más abultado que el 1-0 con el que se llegó al descanso. A pesar de la enorme superioridad local, el Depor ‘estaba en el partido’. En la reanudación pareció el cuadro herculino más decidido a -por lo menos- poner en aprietos a los zagueros amarillos. Víctor Fernández enmendó un poco al equipo situando a Fariña por detrás de Toché y a Cavaleiro por la banda izquierda, que en ataque no había tenido protagonismo en todo el primer tiempo. Así, a los 47 minutos, por esa zona siniestra del campo, llegaba el primer disparo a puerta, obra de Cavaleiro, que se perdía a un metro del larguero.

Sin tiempo para gustarse, el Villarreal volvía a atacar y Fabricio resolvía un mano a mano con Giovanni, que había entrado en el descanso por el lesionado Uche. Era el minuto 49. Tras un disparo débil de Cheryshev y un par de cambios de los entrenadores el Deportivo tuvo sus dos únicos minutos de peligro, unos 120 segundos en los que el conjunto local pasó apuros. Álex Bergantiños disparaba a puerta y la pelota tocaba en la defensa amarilla pero, aún así, a punto estaba de marcar el canterano. A la salida del córner que se produjo fruto de esa jugada, Sidnei remataba para que Asenjo parase sin problemas. Y ahí se acabó el Depor.

Segundos después, en el minuto 67, una mala salida en ataque de los blanquiazules se convertía en un balón tocado por Bruno para Víctor Ruiz, quien centraba para el gol de Vietto.

El conjunto herculino, noqueado, empezó a deambular por el campo con pocos argumentos para frenar a un Villarreal que empezaba a gustarse, a tocar rápido la pelota. En el 72 llegaba la sentencia con un nuevo tanto de Vietto. Mientras El Madrigal disfrutaba.

La evidencia que constataba la absoluta superioridad local quedó patente una vez más cuando Pina fue expulsado en el minuto 80. Ni contra diez fue capaz el Deportivo de, al menos, jugar un poco más en campo contrario. El equipo, su planteamiento, quedó en evidencia. No se puede ser tan tibio ante un rival como el Villarreal. Si las diferencias son tan grandes una de dos, o te empleas a fondo, con agresividad e intensidad, o mejor que no salgas a jugar, algo que casi hizo ayer el Deportivo.

Sin ningún argumento

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