El inmovilismo salva a Rocío Fraga

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A Rocío Fraga, en cuya hoja de méritos se define como “activista feminista y de diversos movimientos sociales”, le gusta tanto tuitear por la noche como no hacer nada que tenga que ver con las responsabilidades de su puesto en María Pita: concejala de Igualdad y Diversidad –¡vaya nombrecito!, ¿alguien se puede imaginar un departamento de Impuestos y Evasiones?, pues eso–. Sin embargo, en la reformita del equipo de gobierno que ideó Iago Martínez, el Rasputín de Teis, y ejecutó Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, le cayó la dirección de la Policía Local, que antes formaba parte de las ducias de competencias que eran monopolio del alcalde –si por cada una de ellas cobrase un sueldo, en dos días aparecía en la lista Forbes–, pero el asunto represor no le pone nada y tiene a los agentes mano sobre mano todo el día. Al menos así fue hasta el desalojo de la Comandancia, que iba a ser “ommmm” y acabó en “ayyyy”. Fraga dejó colgados a los agentes y se pasó al bando de los okupas. Los efectivos del 092 botan fume por la traición de su jefa, pero ella está tranquilísima; sabe que no le va a ocurrir nada, pues el inmovilismo es una condición innata del Gobierno local. Claro, si no lo fuese a ver de dónde sacaba gente el alcalde para cubrir las bajas. FOTO: rocío fraga pasa junto a unos okupas cuando aún lo eran | aec

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