Yolanda toma el mando

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primera vista, no se sabía mucho qué hacía el lunes pasado Gabriel Rufián en el despacho oficial de la vicepresidente tercera y ministro de Trabajo, Yolanda Díaz, para tratar con ésta asuntos no laborales. Tal vez ella estaba ejerciendo ya como el mando de Unidas-Podemos en todas las negociaciones con Pedro Sánchez. Y en esta ocasión, pues, estaría sirviendo de enlace con el presidente del Gobierno. Otras fuentes sitúan el encuentro en los contactos que un poco por su cuenta viene manteniendo con grupos y dirigentes políticos para –se dice- dar estabilidad a la coalición de gobierno y a la legislatura.


Llamativos, con todo, fueron sus movimientos gestuales afirmativos con que en la posterior rueda de prensa conjunta Díaz acompañó las amenazadoras presiones del portavoz de Esquerra Republicana para avanzar en la llamada “agenda catalana”; una delicada carpeta política que está paralizada casi desde su misma apertura.
En realidad, tres años lleva Sánchez en Moncloa y. más allá de alguna llamativa puesta en escena, apenas se ha dado paso práctico alguno. Siempre, por una u otra parte, hay algún achaque, excusa o estrategia para no retomar en aquella comunidad el “diálogo territorial”. Siempre hay algún proceso electoral en marcha o en expectativa. Ahora se están barajando como elemento de demora hasta las primarias en el PSOE andaluz.
Rufián fue especialmente duro en la reciente sesión de control al Gobierno. Lo viene predicando desde hace tiempo, pero el miércoles lo ofició en sede parlamentaria con Pedro Sánchez como destinatario: “Nosotros no creemos en ustedes. Yo no creo en ustedes. Yo no creo en su voluntad. Pero lo que no haga ahora no lo va a hacer un Gobierno de PP y Vox. Y si no, pregúntele a Zapatero”.

 
El presidente aprovechó la ocasión para vender la moto de Salvador Illa como posible candidato a la atrancada investidura y reiteró su voluntad de “cumplir con el reencuentro entre la sociedad catalana y de la sociedad catalana con la sociedad española”. Bellas y enigmáticas palabras, pero nada más.
Pero a lo que íbamos. De aquel encuentro con Rufián, la vicepresidente tercera se manifestó enardecida. “Hay que mimar y cuidar –dijo- esta coalición progresista única, con la convicción de que la legislatura empieza ahora”. 


En realidad y más allá del significado literal de la frase, cabe concluir que se refería a que, tras la salida de Pablo Iglesias, ha comenzado una nueva etapa: más resolutiva, más pacífica y negociada de puertas para dentro, con menor publicidad en las discrepancias, en la que ella ha asumido el liderazgo del sector U-P en el Gobierno y, sobre todo, la interlocución e influencia con Pedro Sánchez. De hecho, se asegura que Díaz ha presionando en los últimos días para aparcar medidas del plan de reformas enviado a Bruselas, como los peajes en las carreteras y modulación de impuestos.

Yolanda toma el mando