La cofradía del santo reproche

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La apabullante victoria de Ayuso, evitando el crecimiento de Vox, la contundente derrota del PSOE, el rotundo fracaso de Iglesias y el hundimiento total de Cs evitan hacer demasiados comentarios sobre los resultados del 4M. Ahora toca administrar la victoria en Madrid, que los que han perdido tiendan la mano al que ha ganado y que éste administre la victoria con humildad y dialogando. Toca gobernar para todos, que algunos hagan examen de conciencia repensar quienes son los que pueden ayudar a reconstruir España tras la pandemia, deshacer las amistades peligrosas y cuidar la calidad de la democracia y el prestigio de las instituciones.


La resaca electoral ayuda poco, no obstante. Los dos partidos que entraron con fuerza para regenerar la caduca política española ya no existen. Los madrileños le han puesto en su sitio. Eso sí, se va con el sueldo de exvicepresidente, su buen chalé, una próspera situación económica y dejando colocados amigos y conocidos sin más méritos que los de apoyar al sanchismo sin preguntar nada. Los madrileños han elegido “democracia” frente todo lo demás. Iglesias, que miente conscientemente al decir que “en España se ha normalizado el fascismo”, se ha marchado con el rencor que le caracteriza, llamando “depredador” al equipo que han elegido casi por mayoría absoluta los madrileños, “derecha trumpista” al PP, que la “deslealtad institucional” de la comunidad de Madrid se intensificará. Iglesias, el patrón de la cofradía del santo reproche, que nombra sucesores a dedo, no ha querido ser el jefe del cuarto partido de la oposición y se va por la puerta de atrás. “Hay hombres que no suben después de caer”, dijo Arthur Miller y ya saben que, incluso cuando es odio y desprecio, la política es puro teatro. Pero, fuera de Iglesias, aquí no dimite nadie. Ni Tezanos que opina que los madrileños somos unos apestados “tabernarios” y que desprecia la capacidad intelectual de Díaz Ayuso, ni el otro gran derrotado, Gabilondo, capaz de machacar su prestigio personal, abandonado por su partido en la noche electoral, humillado por las ocurrencias de Iván Redondo, de Ábalos de las ministras económicas y de Sánchez que le hizo las listas, le diseñó la campaña, le obligó a desdecirse y le dejó tirado. Ahora que Sánchez solo tiene problemas, hay que pasar del reproche al trabajo. De la mentira al debate de ideas y proyectos. En Madrid y en la política española. Hay que buscar socios fiables, acuerdos estables y no caminar ni un minuto más de mentira en mentira. 

La cofradía del santo reproche