Van a la desesperada

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A medida que las encuestas han ido consolidando la idea de que Isabel Díaz Ayuso va a ganar con holgura las elecciones en Madrid cunde la desazón en La Moncloa. Pedro Sánchez, que se ha implicado en la campaña como si fuera él y no Ángel Gabilondo el candidato, barrunta que la derrota del PSOE en la capital puede dar paso a una lectura nacional sobre el declive del “sanchismo”.


Ése temor es el que les ha llevado a saltarse una norma no escrita pero que hasta la fecha había sido respetada. Me refiero a la intervención en la campaña de altos cargos del Gobierno a los que su encomienda emplaza a actuar con neutralidad. Sería el caso del ministro del Interior y el de la directora general de la Guardia Civil. En el caso del ministro Grande Marlaska su participación en un mitin llamando “organización criminal” al PP –primer partido de la oposición– no tiene precedentes. Máxime si recordamos que el titular de Interior es un magistrado en excedencia.


Pablo Casado, líder del PP, ha pedido su dimisión pero no parece que Pedro Sánchez esté por la labor. Al hilo de la sorprendente -y, por excesiva-, patética entrega de Marlaska a la causa “sanchista” en los ambientes judiciales se recuerda con ironía que en su día fue el PP quien promocionó al juez Grande Marlaska para ir subiendo peldaños en la Magistratura. Grande es el fervor de los conversos.


Juicio similar merece la insólita participación en un mitin de la señora María Gámez, directora general de la Guardia Civil. No hay precedentes, pero sobran los calificativos para rechazar semejante quiebra de una neutralidad política exigible por ley y por decoro. Ni el ministro habría ido tan lejos ni la señora Gámez habría volado tan corto sin la aquiescencia de La Moncloa.


Actúan a la desesperada. Temen la sanción de los electores. Pedro Sánchez barrunta una derrota que, de confirmarse el próximo cuatro de mayo, le señalaría directamente a él como vértice de un forma de gobernar que tiende a confundir en beneficio propio al Gobierno con el Estado. La ventaja de la democracia es que la última palabra la tenemos los ciudadanos en el momento de votar.

Van a la desesperada