El problema de Gabilondo se llama Sánchez

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En Madrid la campaña electoral es nuestro pan de cada día. Una campaña agitada por Pablo Iglesias. Una campaña extremadamente polarizada en la que los “estilos” personales y políticos de cada candidato es un elemento a tener en cuenta.


Ángel Gabilondo es un político que inspira confianza. Personalmente no tengo dudas de que sería un buen presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid y que los madrileños con él al frente de nuestra comunidad podríamos dormir tranquilos.


Pero Gabilondo tiene un problema de credibilidad a cuenta de Pedro Sánchez.


Y es que aunque el candidato socialista a presidir Madrid decía que él prefiere un gobierno sin Unidas Podemos, lo cierto es que nadie se cree que le guste o no le guste, pactará con Pablo Iglesias.


Los ciudadanos no hemos olvidado como Pedro Sánchez en vísperas de las elecciones nos ilustraba de las muchas razones que tenía para no pactar con Pablo Iglesias, incluso nos convenció con aquello de que ni él mismo dormiría tranquilo si tuviera que compartir gobierno con los podemitas.


Ya sabemos que hizo todo lo contrario. Por tanto hay que ser un rato ingenuos para creer a Sánchez por más que estos días haya dejado dicho que quién quiera formar parte de un gobierno liderado por el PSOE deberá renunciar al extremismo.


En realidad, Sánchez y sus consejeros áulicos tienen poco aprecio por la inteligencia de los ciudadanos, más bien deben de creer que somos tontos y olvidadizos.


Que el Presidente diga que quien quiera gobernar con el PSOE tiene que renunciar al extremismo se contradice con lo que sucede en su propio Gobierno.


Verán yo si creo que si Ángel Gabilondo tuviera las manos libres no gobernaría con Podemos. Pero el ministro Ábalos le llamó al orden decir que la política de pactos la decide el PSOE. Blanco y en botella.


Sin duda en esta etapa de extremismos Ángel Gabilondo podría representar una opción progresista y moderada, pero el problema es que quién manda en el PSOE es Pedro Sánchez y a lo que el Presidente nos ha acostumbrado es que para él el fin justifica los medios. Su alianza con los partidos independentistas y radicales, las concesiones que les ha venido haciendo, su sumisión ante el propio Iglesias, no son una buena carta de visita para que podamos creerle.


Ya digo que no tengo dudas de la solidez, inteligencia, moderación, compromiso con políticas progresistas, de Ángel Gabilondo, pero el problema, su problema se llama Pedro Sánchez cuya credibilidad es escasa o como poco manifiestamente mejorable. 

El problema de Gabilondo se llama Sánchez