Regreso al pasado

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Los franceses, que son muy suyos, le llaman Déjà Yu que viene a ser, así a lo bruto, como si lo que estás viendo, oyendo o leyendo, ya lo tenías visto y vivido.

Les pongo en antecedentes pues de nuevo nos enfrentamos a un caso de hace años repetido, eso sí, a lo largo del tiempo: la guerra sucia del PP a través de la llamada policía patriótica (corrupta es la traducción exacta) para esconder los trapos sucios de la Gürtel. La prensa de Madrid lo destacaba en primera página: Espionaje a Bárcenas. Mensajes del que fue número dos del ministro Fernández que lo canta todo: Mi error fue ser leales a miserables como Jorge (el ministro con ángel de chofer) Rajoy (presidente del gobierno durante la trama) o Cospedal (secretaria del PP). El juez que trata el caso afirma en su auto que “es culpable la cúpula del gobierno de Mariano y los principales cargos de los populares, incluyendo además de los nombrados a Javier Arenas. Vuelven las cloacas, regresamos a otra de las miserias de la política enfrascada ahora en las miserias del teléfono de una colaboradora de Iglesias y las cuentas de Unidas Podemos. Pero no se puede ser equidistante en este tema ni resolverlo con un “y tú más”, pues Franis Ford Coppola podía rodar con la historia de los populares más metraje que con EL PADRINO.

Estamos en esas cuando nos llega la noticia de que “el Ayuntamiento archiva la investigación municipal por las posibles responsabilidades derivadas en relación a las obras del edificio Conde Fenosa” que, como recordarán ustedes le costó una pasta al concello (a usted, a mí, a todos los que mantenemos el chiringuito con las tasas e impuestos) par indemnizaciones. Parece un mal sueño. La digestión de otro escándalo. Tal vez recuerden ustedes que varias veces los tribunales –el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, entre otros– ordenaron el derribo de unas obras concedidas por un acuerdo de la corporación que presidía Francisco Vázquez. Para mayor inri desde María Pita dicen que la culpa es de los  arquitectos y los técnicos. Es curioso el acuerdo que abre además un divertido criterio: si la corporación que preside doña Inés Rey aprueba una licencia para demoler la estatua de María Pita, que tenga cuidado el trabajador que use el pico pues le harán responsable. En serio ¿hay irresponsabilidad en el acuerdo? Pero lo peor del pasado es que nos hace desconfiar de quienes manejan el presente. 

Regreso al pasado