CULPABLE

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El tiempo suele poner a cada uno en su sitio. Lo hizo ayer con el candidato de Cambados Pode. Una sentencia del Juzgado número 1 de esta villa condena a José Ramón Abal Varela a una multa económica por una falta de desobediencia al considerar probado, durante el juicio, que este joven huyó de un control de la Guardia Civil. El que será la llave del Gobierno municipal de Cambados ya pagó la sanción y anuncia que recurrirá el fallo.
Sin embargo, a día de hoy, al menos que se sepa, no ha tenido la gallardía de pedir disculpas públicamente a sus vecinos por un comportamiento impropio de quien, por entonces, aspiraba a ser alcalde de su pueblo. Lejos de arrepentirse por sus acciones, mostró arrogancia mintiendo de forma descarada y negando la mayor. Como el tiempo da y quita razones, no tardó mucho en sentarse en el banquillo de los acusados tras ser detenido por la Guardia Civil, cuestión que también se atrevió a negar, volviendo a quedar como un mentiroso. Tras recibir un juicio justo, resulta que acaba de ser condenado. Y ante este panorama todavía no ha dimitido. Hay que tener la cara muy dura para no hacerlo. Es más, sus compañeros de partido deberían exigírselo si es que quieren tener algo de credibilidad ante la opinión pública.
Da la sensación de que se aferra a su condición de pieza indispensable en la gobernabilidad de Cambados para jugar todas sus bazas y sacar algún provecho personal o colectivo. El resto de partidos depende de este politiquillo que, a la vista de sus acciones y declaraciones a los medios, parece que no es de fiar. Por tanto, deberían hilar muy fino antes de plegarse a no sé qué condiciones que este joven pueda exigir, no vaya a ser que después niegue la mayor y los deje con dos palmos de narices. Ahora todo el mundo sabe que la sinceridad no es la mejor de sus virtudes, que el tiempo lo ha puesto en su lugar y que un juez sentencia que es un desobediente. Además, ante los ojos de la sociedad es ahora culpable hasta que demuestre lo contrario.

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