¡Qué viene 2019!

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desde Lisboa escribo esta columna y no es cosa baladí. La capital del país vecino refleja el éxito del esfuerzo realizado por nuestros hermanos portugueses que, habiendo sufrido una crisis tan grave, si no más que la nuestra, tuvieron clara su hoja de ruta para sobreponerse a las adversidades. Y lo hicieron con el sufrimiento de todos, pero también con la complicidad de la ciudadanía. Quizá porque se les explicó bien y se empatizó con los más débiles, pero también porque el timón estaba en buenas manos.
Cuando hay alguien que sabe mandar y para qué, la marinería no falla. En nuestra querida España, las cosas son distintas y con resultados diferentes. Bandazos políticos que no ayudan en nada salvo para empeorar las cosas y así nos va. No recuerdo la llegada de un nuevo año desde 1976 con tantas incertidumbres y con tan pocas certezas. Por un lado, la política, nadie se atreve a aventurar si Sánchez convocará elecciones o no, porque la ciudadanía parece que se ha resignado a un presidente que solo pretende mantenerse en el poder el máximo tiempo posible, sin importarle no estar acompañado del refrendo popular, pues no hemos sido llamados a urnas para aprobar, o no, al gobierno de Sánchez.
Sí sabemos que mayo será un mes apasionante porque tenemos elecciones europeas, municipales y autonómicas, en algunos casos. Ahí veremos la fuerza de las mareas rotas y los alcaldes autodenominados del cambio, más bien del cambiazo, pasarán reválida o se tendrán que ir a su casa acompañados por sus colegas de taberna que habían encontrado “chollo” en la cosa política con unos sueldos que no volverán a ver en sus vidas. También se despejará la incógnita de Vox, que tanto miedo da a los que viven bajo las siglas que ampararon la corrupción, desoyendo a Anguita que llamaba a votar al honrado sea de donde sea y a denostar al chorizo tenga el carnet que tenga. Vox es una ecuación por resolver, salvo en Andalucía, que en cuanto le han dado la oportunidad ha cogido la papeleta verde.
La economía espera la necesaria estabilidad para retomar impulso, pero sin esa estabilidad difícilmente podrá remontar. Otra incógnita que nos despejará 2019 es la de Podemos, que se rompe y al que en las encuestas ponen hacia abajo el pulgar, mal síntoma para quien en tan poco tiempo ha tocado el cielo y el infierno para, al final, quedarse ahí al calor de la lumbre. Cataluña será otra cuestión a resolver porque algún año tendrá su punto final la locura secesionista y recuperará el “senny” para volver a tirar de la máquina del emprendimiento y de paso recuperar las miles de empresas que han sido expulsadas de su territorio por los separatistas.
Así podríamos enumerar un montón de cosas que esperamos nos resuelva 2019. Algunos tienen miedo al año que llega, otros lo miramos con esperanza porque los textos sagrados nos dijeron que no hay mal que cien años dure y lo corrobora la sabiduría popular. En todo caso, 2019 trae de su mano a los Magos de Oriente y a sus Majestades les pido este año dos cosas: salud para todos y un Deportivo en primera, su hábitat natural, para alimentar ilusiones y darle ese empujón a la economía de La Coruña que tanto necesita. Sea lo que sea, ¡Feliz 2019 a todos los españoles de buena voluntad!

¡Qué viene 2019!