SOLUCIONES PÚBLICAS

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Los dos atracadores, a punto de salir, han visto desde el interior de la oficina bancaria que se acercaban dos coches de la Policía, haciendo sonar las sirenas y con las azuladas luces parpadeando. De inmediato se han atrincherado dentro, han tomado como rehenes a los empleados y a la media docena de clientes. La policía intenta ponerse en contacto con ellos, y los atracadores responden que se tiene que marchar la Policía que rodea la oficina, y poder disponer de un vehículo, en le que saldrán con un rehén al que asesinarán si observan algún seguimiento sospechoso.
El atraco, que se produjo a primeras horas de la mañana, genera una situación tensa que se prolonga hasta mediodía. Entre los mandos policiales se recomienda la labor de desgaste, que consiste en aguantar y esperar. Pero entonces los atracadores informan a través del teléfono que o se cumplen las exigencias que han expuesto o cada media hora matarán a uno de los rehenes. La tensión sube y se sopesa que asaltar la oficina dará como resultado el apresamiento, vivos o muertos, de los autores del atraco, pero con el riesgo de que también muera alguno de los rehenes. La consigna de esperar a que asesinen al primer rehén también parece poco satisfactoria. Imaginen, entonces, que el tonto contemporáneo de guardia, que tanto abunda en nuestro país, sentencia con voz campanuda: “Hay que buscar una solución política. Hay que volver al diálogo. Hay que hallar comprensión y generosidad y no aplicar duramente la Ley”.
A cualquier persona con un cociente intelectual normalito le parecería un disparate, pero esa misma frase, con diferentes matices, pero coincidentes en el fondo, se las he escuchado a líderes políticos, sindicales y empresariales, como si en ese batiburrillo de “soluciones políticas y dialogadas” estuviera el enigma que nadie sabe descifrar. Una solución política, por ejemplo, fue dejar de negociar con ETA, y Aznar logró arrinconar a ETA. Una solución política fue decir que no a la propuesta de Ibarretxe para el País Vasco, formulada, por cierto, dentro de la legalidad. Y cuando los atracadores cogen como rehenes al 52% de la población hay que tomar una solución política. Y casi todos sabemos cuál es. Y creo que Mariano Rajoy no la ignora.

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