CONDENAS PÚBLICAS SIN SENTENCIA

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El espectáculo es bochornoso. Se repite día a día. Decenas de periodistas con cámaras al hombro y micrófonos en mano que corren detrás de abogados o de simples imputados en busca de un gesto o una improbable declaración. Registros donde los encargados del mismo se personan ya acompañados de una troupe mediática no menor. Llegadas a juzgados a la vista de todo el mundo, donde imputados y detenidos –posibles y hasta probables inocentes incluso en la propia fase de investigació– ocultan como lógica y buenamente pueden su identidad.

La lista podría continuar con esos vejatorios e innecesarios paseíllos de detenidos esposados por decisión policial –como el caso del concejal compostelano Albino Vázquez–, sin que sus respectivos comportamientos pasados y presentes lo pudieran justificar. O con esos secretos de sumario que son cualquier cosa menos eso. O con tantas teóricas presunciones de inocencia acompañadas a renglón seguido de toda clase de improperios y descalificaciones.

En fin, un espectáculo, como digo, bochornoso que se repite un día sí y otro también, especialmente en estos tiempos en que tantos casos de corrupción –probada, probable o supuesta– se suceden y que denotan una preocupante instrumentación política y mediática de la investigación judicial. Todo ello está dando lugar también a esas tan injustas “penas de telediario” y a los consabidos juicios paralelos por parte de la opinión pública.

Estamos, además, en no pocos casos ante procedimientos de larga gestación. Se comprende que la fase de instrucción, encargada de acumular pruebas y de investigar primeros indicios, sea compleja y lenta. Se comprende que un sistema garantista como el nuestro ofrezca a los investigados toda una línea de recursos. Pero los procedimientos abiertos no pueden eternizarse en las ya atestadas mesas de jueces y magistrados. Y no sólo en casos de trascendencia política o económica, sino en todos, por muy humilde que sea el justiciable.

Hace años, los medios no podían hacer fotografías ni recoger imágenes en sala de juicio. Para ilustrar las correspondientes informaciones estaban los dibujantes judiciales, que se encargaban de hacer un boceto de la sala, tribunal, letrados y acusado. No sé por qué y cuándo ha desaparecido esa sana práctica que, al menos, salvaba la dignidad y reserva de quien no ha sido todavía condenado y del propio procedimiento judicial.

El pasado miércoles, y en uno de los pasajes del debate sobre el estado de la nación, el presidente Rajoy anunció la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal precisamente para eso: para agilizar procedimientos y para que el tiempo de respuesta al supuesto delito no signifique ni una forma de impunidad para el delincuente ni una condena pública sin sentencia para quien no lo es ni lo ha sido nunca. Pues eso: que Dios le oiga y que lo haga pronto.

CONDENAS PÚBLICAS SIN SENTENCIA