DIES IRAE

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Günter Grass nació en las fauces del nazismo y murió en la boca del pragmatismo capitalista de Angela Merkel. La otra nota triste en el suma y sigue de las ausencias literarias, fue el fallecimiento de Eduardo Galeano, nació en la boca desdentada de América del Sur y murió en la boca sin dientes de los sudamericanos.
Como escritores, en la variedad está el gusto del lector. Como personas, de la exquisita grey de los que apuntan por pudor la vida y la hacen por timidez de todos. Machos y hembras que viven en la necesidad de no olvidar que sienten y sienten para no olvidar que viven. Seres que un día merecieron en la faena de las coincidencias estéticas el respeto y el afecto y que hoy merecen el lánguido recuerdo de sus lectores.
Los escritores terminan oliendo gris y amargo como huele un hato de niebla, y es que brillan sin resplandor entre el negro sol de la tinta y la dudosa blancura del papel. Son hombres y también dioses humanos, claro que sí, otros no hay, y en esa consideración son tratados como rifles siberianos, con los que disparan en París a los pintores satíricos.
Vivimos en guerra electorera, pero no nos inquietamos porque esa es nuestra condición, y natural percepción de las cosas. Ocurre que aquí más cerca de Günter en lo cotidiano que de Galeno en lo utópico, hemos sofisticado el ritual hasta el extremo de que todo es frente y nada batalla.
Descansen ambos en ese mágico lugar de donde vinieron y vivieron, la imaginación.

DIES IRAE