Esperpéntico panorama

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La vigencia de Valle- Inclán en nuestro país es incuestionable. No ya sólo por la fuerza de sus piezas teatrales sino por el alcance demoledor del dramatismo actual que lo trasciende. 
No olvidemos que su masa argumental juega en dos direcciones: el mito y la farsa; apoyados por otros tantos espacios, “galaico” y “dieciochesco”. Que son además atemporales y desembocan en mitos sociales –terratenientes, campesinos, feudalistas, supercherías religiosas, cadáveres que pasean por las habitaciones– y en otros recipientes ad hoc que alojan una visión del mundo muy pareja a la que por desgracia está viviendo nuestro país, entre el estupor por habernos dado la mayor parcela de libertad y ser esclavos de cuatro robaperas que gobiernan las principales instituciones públicas.
Ya tenemos a pie de obra la “farsa” –cuento para niños– y el “esperpento” que algunos se han atrevido a definir como “distanciamiento real”, evasión, expresionismo, desmitificación, denuncia, protesta, extrañamiento, etc. Pero el gran autor lo relaciona con casos concretos e inclasificables. 
Así en “Luces de bohemia”, frente al criterio de Don Latino como tragedia, el personaje Max lo identifica con el esperpento, inventado por Goya. “El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada”.
¿Verdad qué los espejos están al lado? Pactos de ingeniería social para rompernos. Acuerdos entre perdedores para contradecir al pueblo. Populistas que prometen el viejo comunismo de vodka, estajanovismo y vacaciones en Siberia. Arturo el catalán luchando por el aforo para no sentarse en al banquillo, otros que pierden mil diputados y aspiran a gobernar España cuando son incapaces de dirigir al PSOE, Rajoy sin brújula esperando recuperar el acimut de marcha por ser la lista más votada...
Vivimos el Valle-Inclán tradicionalista y revolucionario. Contradicción consustancial como la propia naturaleza española...

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