La inquietud de Rocío Fraga por los narcos de Orillamar

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A Rocío Fraga, en cuya hoja de méritos se define como “activista feminista y de diversos movimientos sociales”, le gusta tanto tuitear por la noche como no hacer nada que tenga que ver con las responsabilidades de su puesto en María Pita: concejala de Igualdad y Diversidad –¡vaya nombrecito!, ¿alguien se puede imaginar un departamento de Impuestos y Evasiones?, pues eso–. Pero además hace una temporada le cayó encima la dirección de la Policía Local y ¡vaya por Dios!, ¡qué desastre! Ella está empeñada en transformar a los agentes en activistas de una ONG y así pasa lo que pasa, que el desalojo de la Comandancia iba a ser “ommmm” y acabó en “ayyyy”. Desde ese día parece que le ha cogido gusto a hablar –no ha a trabajar, ¡eh!– y raro es que pasen 24 horas sin que haya terciado en cualquier acontecimiento. Lo ha hecho tras la macrooperación policial contra el narcotráfico en Orillamar y, cómo no, se ha lucido: su preocupación era el impacto social que tendría la redada. Pues muy sencillo: evitar que Monte Alto sea la versión 2.0 de Pena Moa, el gran supermercado de la droga de Galicia.

La inquietud de Rocío Fraga por los narcos de Orillamar