Falta lealtad institucional

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A la espera de la esperada vacuna contra el covid 19 todo son recomendaciones de prudencia. Y bien está que seamos prudentes. Pero, hay un “pero”. Nos recomiendan prudencia las mismas autoridades que dictan medidas contradictorias para paliar los devastadores efectos de la pandemia. Es una forma de lavarse las manos y no sólo metafóricamente.

Que tengamos tantos protocolos como comunidades autónomas convierte la prevención en un sudoku. En vísperas de Navidad, fiesta familiar donde las haya, hay comunidades que permiten reuniones de hasta diez personas, convivientes o allegados. Otras lo dejan en seis. Algunas como la Comunidad Valenciana apuestan por un confinamiento draconiano; otras, sería la situación de Madrid ,optan por medidas menos drásticas y no limitan los movimientos de los ciudadanos que ,en principio, pueden viajar fuera de la comunidad. Cosa diferente es que las autoridades de las comunidades limítrofes permitan a los madrileños trasladarse por sus territorios. A los viajeros que quieran pasar las navidades en Canarias las autoridades les exigen un certificado médico que acredite que están libres de covid 19. En Cataluña anuncian restricciones que estrechan aún más las limitaciones dictadas anteriormente etc, etc.

A todo esto uno se pregunta, ¿y qué hace el Gobierno? ¿Por qué ha endosado a las comunidades autónomas la responsabilidad de la gestión de la pandemia dando pie como estamos viendo a medidas contradictorias? La respuesta es muy sencilla: el Gobierno con su presidente Pedro Sánchez a la cabeza se han quitado del medio porque la deficiente gestión de la pandemia durante los primeros meses del año generó un estado de irritación y crítica que se tradujo en un desgaste político notable. Las encuestas que manejaban aconsejaron el cambio y de ahí brotó la idea de la “cogobernanza”.

Pero el virus no entiende de fronteras y sigue haciendo estragos. La primera lección que deberíamos sacar de este tiempo en el que la polarización política alcanza niveles insoportables es que sí seguimos así estamos apostando por el desastre. La falta de lealtad institucional -que en ocasiones es de doble dirección- resta energías para combatir la pandemia. A los políticos cuyo cometido se supone que es aportar soluciones habría que pedirles que no creen ellos los problemas. No parece mucho pedir. ¿Y a los ciudadanos? Pues lo que nos toca, tomarnos en serio tan seria amenaza. 

Falta lealtad institucional