EL TURNISMO O BIPARTIDISMO

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El “turnismo” fue instaurado por Cánovas del Castillo en el período de la Restauración borbónica. Finales del siglo XIX. Consistía en un pacto de alternancia en el gobierno de los dos partidos que apoyaban dicha monarquía, el Conservador y el Liberal, que idearon a tal fin un sistema de manipulación del proceso electoral mediante fraudes de todo tipo, como “el pucherazo”: se guardaban papeletas de votación y se añadían o sustraían de la urna electoral a conveniencia del resultado pretendido; o se m    anipulaban las votaciones con “lázaros” (votos de fallecidos) y “cuneros” (electores que se inscribían en una circunscripción que no les correspondía).
Tal cometido recaía en los denominados “caciques”, que abusaban del poder y no dudaban en utilizar la violencia y amenazar con la pérdida del trabajo a quienes no votasen al político de turno. Labor caciquil recompensada con favores políticos y/o económicos, que se complementaba con la designación “a dedo” de puestos de trabajo en las Administraciones con el “canon” de la correspondiente servidumbre.
En definitiva, un sistema corrupto y elitista que apartaba de la participación política y control de los gobernantes a la gran mayoría del pueblo español que a gritos pedía su reforma; mientras, morían asesinados varios de sus presidentes (Dato, Canalejas, el propio Cánovas); llegándose en 1923 al golpe de Estado del general Primo de Rivera, que, temporalmente, le pondría fin; pues, cual “ave fénix” resurgiría en 1982, tras la Transición, con el PP y PSOE repartiéndose nuevamente el poder bajo la misma fórmula adaptada a los tiempos “modernos”: redes clientelares, introducción en las Administraciones públicas de personal de confianza, usurpación de sus fondos sin la cortapisa de quienes puedan objetar la legalidad por encima de los intereses partidistas...
Todo tiene un límite. En 2013 las encuestas revelaron el hastío con unos índices de voto a estos partidos muy inferiores de años anteriores; y en el mes de octubre de 2014 por primera vez introducía en la tradicional ecuación bipartidista a Podemos, una tercera alternativa política con tanta fuerza en intención de voto como las anteriores, abriendo incluso la posibilidad de superarlas en las elecciones generales de 2015. Como acabamos de comprobar en las recientes elecciones municipales y autonómicas, con la irrupción también de una cuarta vía, Ciudadanos. Lógico en una situación política, económica y social que demanda urgentes y sustanciales cambios, sino provocada por tal caduco bipartidismo, sin duda acrecentada por su pésima y corrupta gestión.

EL TURNISMO O BIPARTIDISMO