Nada cambiará

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Los últimos días han escenificado un distanciamiento entre la administración Obama y el gobierno cada vez más radicalizado de Netanyahu, preso de sus correligionarios ultranacionalistas y ortodoxos de gobierno. Por vez primera en décadas EEUU no veta una resolución del Consejo de Seguridad que condena los asentamientos en los territorios ocupados. La reacción de Netanyahu más de galería hacia dentro que hacia fuera, sabedor como es de la importancia que tiene el apoyo de EEUU, es una mera táctica diletante, pero a la vez pataleta. En ocho años Obama ha hecho muy poco por una verdadera paz, ni siquiera lo intentó salvo algún escarceo inicial y con buena dosis de tensión con el primer ministro israelí. Pero todo volvió a su calma, en las relaciones militares, la venta y suministro de armas de última tecnología y transferencia mutua de conocimiento, apoyo económico y un largo etcétera.  
Definitivamente la paz no interesa. Nunca ha interesado. No es un negocio, la guerra sí, la venta de armas también, sea a Israel, lo sea a Arabia Saudí y a otros socios que dejan mucho que desear. Ciertamente Israel es una democracia y una sociedad plural, abierta y dinámica. No puede predicarse lo mismo de algunos socios árabes de Washington. La realidad es como es, lejos de ser caprichosa, otra cosa son los intereses.
Pero volvamos a Israel y a Palestina. Volvamos a esos constructores de odio y de sinrazón, incapaces de tejar cualquier hilo que conduzca a la paz. ¿Donde están las dos sociedades civiles que no hace mucho años tenían un hueco?, ¿dónde está esa sociedad crítica con tanta militarización y que calla a favor de la paz? Hoy más que nunca la estrategia es clara, a saber, imposibilitar los dos Estados. No nos engañemos ni queramos permanecer por más tiempo ciegos. Cada asentamiento, cada violación de las obligaciones como potencia ocupante y son muchas, en los territorios ocupados es un muro nuevo frente a los dos Estados. 
Ganar tiempo, ganar por la realidad contumaz de los hechos. Ganar territorios, ganar asentamientos, unirlos, excluir, echar y arrojar de sus tierras una vez más a familias y aldeas palestinas. Con total impunidad y sin sonrojo alguno ante la ley. No han sido pocas las veces que el Tribunal Supremo israelí ha condenado y tachado de ilegales algunos asentamientos. Pero los gobiernos han hecho caso omiso, sordera complaciente y ceguera omnisciente. Todo es un cálculo. Netanyahu ha escenificado una nueva coreografía ante un Obama al que restan tres semanas de poder amputado y donde ya será historia para bien o para mal, o incluso la indiferencia. En el espinoso, sórdido e imposible laberinto (imposible porque no hay arquitectos valientes para la paz) Obama ha fracasado totalmente. Como ante Bush en Áqaba y Clinton aunque fue el que más cerca estuvo en Camp David pese a que todos culparon a Arafat.
Seguirán construyéndose apartheids voluntaria y conscientemente, permanecerán exclusiones y autopistas cerradas a palestinos, en sus propias tierras. Tierras de colonia, tierras que no pertenecen a Israel. Y seguirán bramando y clamando por sus derechos bíblicos y su elección como pueblo. Pero la realidad es como es. Silencio, hechos y fuerza. Netanyahu clama frente a que Obama no habla del terrorismo. Pero tampoco del uso desmedido de la fuerza y guerras totales frente al terrorismo islámico de Hamás, Yihad, Brigadas que también purgan ciudadanos inocentes. Viejas historias de siempre. Lástima. Belén un año más. 

 

Nada cambiará