OLVIDAR

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Aúltima hora de la noche, cuando el cuerpo ya está cansado y seleccionando lo que vale la pena recordar, oí una frase que salía por la caja tonta, no recuerdo quién la dijo; decía algo así: Internet no olvida, nosotros sí. El olvido como deporte que nos sanea, nos purifica de la memoria de los días, del exceso de recuerdos, de caras, de gestos, de palabras, de sensaciones, de frustraciones. Si no se olvida no se duerme debe ser la traducción de aquello de la otra mejilla, de perdonar.
¿Olvidar es perdonar? Entonces Internet no perdona, nos recuerda demasiado, es como una sobredosis de historia en su versión de intrahistoria o de historia en general. Todo lo anotamos como si nos fuese la vida en ello, hasta las anécdotas más triviales. Memoria de la trivialidad, exceso de información, sobreabundancias de yoes, narcisismos varios.
Buscamos la inmediatez del dato como si la historia fuera la verdad y no algo contado por otros que tampoco la vivieron y la interpretan. Así los jóvenes hiper-conectados a una vida que necesitan olvidar. El olvido nos defiende frente a la hiper-información, de la presencia excesiva de la memoria, de la inmediatez del saber. Todo lo bueno puede esperar y la comunicación no es para tanto. Morir por recordar aunque ese recordar no nos interese, una especie de concurso cotidiano cuyo premio es estar conectado o tener el móvil más avanzado.
Es como si todo estuviese al alcance de nada, la historia no ha muerto, se nos ha colado para confundirse con la vida. Lo que no sepas consúltalo en Internet; interpretar es otra cosa. Con esa memoria constante a nuestro alcance renunciamos al silencio, no oímos los pasos del amor que llega, las puertas de nuestra alma; la historia ensordece y alimenta fieras. Los muertos se entierran en Internet, así siempre los tenemos a mano.
Olvidar es una especie de vaciado para llenarnos de nuevo, es como cambiarnos de ropa. Parafraseando a Goya, el sueño de Internet puede producir monstruos, el monstruo del lago de los recuerdos. “¿Hay alguien ahí dentro? Oigo que te sientes deprimido. Tus labios se mueven pero no puedo oírte. Me he vuelto confortablemente adormecido” (Pink Floyd) Estoy enfermo de recuerdos. ¿Quizás un sobredosis de Internet?

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