BUSCANDO NUESTRA DÉCIMA

|

Estos días escuchamos las optimistas declaraciones de miembros del Gobierno sobre el crecimiento económico o la salida del largo y tortuoso túnel. No deja de sorprendernos que todo ese alborozo se centre en un 0,1%, esa décima milagrosa que todo lo cambia. Es cierto que se aprueba o se suspende una oposición, se gana o se pierde una prueba deportiva por una valiosa décima. Pero no es el caso, estamos hablando de la recuperación de un maltrecho país y de cómo sobrevivir sin expectativas de trabajo y sin recursos. Hoy muchas personas se preguntarán si les va a cambiar la vida con esta circunstancia o si se anuncia alguna retroactividad que empiece a devolverles lo que en tan poco tiempo han perdido. Seguro que buscarán con ansiedad dónde está su décima.
La salida en tromba para repetir sin pudor lo que quieren que escuchen los ciudadanos seguramente ha llevado a mas de uno a pellizcarse para despertar del sueño, preguntándose si en unos días ya va encontrar empleo, si en su negocio se van a incrementar las ventas, si van a retirar el copago sanitario, o si su pensión se va a actualizar. En definitiva, si la vida se vuelve a normalizar para aquellos a los que se le ha cortado o ya no se sostienen en pie.
Es cierto que todos deseamos con ansiedad que las cosas cambien para mejor, más bien es una necesidad. Y aun sabiendo que los milagros solo ocurren en las canonizaciones, estamos deseosos de visualizar que el vaso se fuera llenando de medidas acertadas, que pudieran conducir a una mejoría sostenida en el tiempo y en la igualdad. Pero en estos momentos es un descaro y una falta de humanidad hablar con tal triunfalismo, sabiendo que un 45% de las familias españolas viven de la caridad y a la vez los llamados ricos han crecido un 13%. Tampoco son optimistas los datos de la última EPA, teniendo en cuenta que son referidos a la estacionalidad del verano, sin esa circunstancia baja la ocupación y sube el paro. Gestionar el momento exige grandes dosis de realismo y no parece que ni las personas que tienen esa responsabilidad, ni las ideas que proyectan, las tengan.
Habrá luz al final del túnel, seguro que sí, pero habrá que cambiar el transformador para generar nuevos estímulos, antes de que brille con intensidad.

BUSCANDO NUESTRA DÉCIMA