EL ELEFANTE EN LA HABITACIÓN

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La caída del rey en Botsuana ha dejado a la Corona abollada. La opinión popular oscila entre la sorpresa indignada por no saber de las actividades del monarca fuera de España y el republicanismo vociferante que clama por la abdicación.

Aprovechan los que apuestan por volver a la bandera tricolor la ya famosa imagen de don Juan Carlos escopeta en mano y paquidermo estampado contra un árbol para aludir a la conocida expresión inglesa. Esa que usan los súbditos británicos para referirse al hecho de obviar una realidad tan evidente que resultaría imposible pasarla por alto. Hay un elefante en la habitación. Y no es el de la foto, dicen, es la monarquía, que resulta una institución obsoleta en la actual sociedad. Entre el escándalo de Urdangarín, el disparo de Froilán y el safari de su majestad se les están poniendo fáciles las cosas a los que exigen un cambio.

No hace falta ser partidario de la corriente que quiere convertir a los Borbones en ciudadanos de a pie para pensar que hay un problema. El limbo informativo. La falta de transparencia. Nos sentimos traicionados, como si hubiésemos descubierto a nuestra pareja en plena infidelidad. Hacíamos al rey trabajando para nosotros, tan ocupado que no encontraba siquiera un minuto para visitar a su nieto en el hospital; enterarnos de que se estaba dando una alegría con una escapada a otro país no nos ha sentado bien. El cazador cazado. Ironías del destino.

De haber sabido desde el principio que estaba de viaje, el accidente no habría pasado de mera anécdota. Pobre hombre, qué mala suerte. Mala pata, para los chistosos

 

De haber sabido desde el principio que estaba de viaje, el accidente no habría pasado de mera anécdota. Pobre hombre, qué mala suerte. Mala pata, para los más chistosos. Alguna muestra de aprecio al animal muerto –en 2007– y poco más. Pero el secretismo nos lanza a una vorágine incontrolable de críticas: qué falta de respeto a su país, menudo ejemplo de responsabilidad, a saber con qué dinero se ha pagado el safari, que nos digan cuántas veces ha hecho esto... ni siquiera debería irse de vacaciones, en solidaridad con los millones de españoles que no se lo pueden permitir. Tantas reprobaciones y cuestiones parlamentarias; tantos comentarios encendidos en las redes sociales; tanto daño a la imagen del monarca evitados con un simple anuncio. El jefe del Estado iniciará el lunes un viaje privado al extranjero de cinco días de duración. Con eso era suficiente. Ni siquiera es necesario revelar el destino. Por una cuestión de seguridad y porque hay un límite entre la figura pública y la persona. No se trata de tener noticias de cada detalle de la vida del rey, pero siempre será mejor informar que dar alas a la especulación.

Así, don Juan Carlos no se encontraría ahora en una cama de hospital leyendo en los periódicos que tiene al país más preocupado por el elefante que por su salud.

EL ELEFANTE EN LA HABITACIÓN