BALLESTA EN EL INSTITUTO

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Lo confieso. Me gusta el rock and roll y no me pierdo un capítulo de The Walking Dead. Dos cosas que, si hacemos caso al perfil que han elaborado algunos medios sobre el niño que asesinó a un profesor en un instituto de Barcelona, deberían hacer que cualquiera que se cruce en mi camino se tire rápidamente a la cuneta. La asociación de ideas que hacemos a veces los periodistas cuando se produce un suceso trágico es de traca.
Buscamos cualquier recuncho de su mente que pueda explicar un acto inexplicable. Lo hicimos con Andreas Lubitz, el piloto del avión de Germawings. ¿Cómo pudo hacer algo así? Porque tenía depresión, una excusa muy barata, teorías conspiranoicas al margen, para explicar una tragedia de semejante magnitud.
La depresión por sí sola no basta, igual que jugar a videojuegos violentos o “tener un aire siniestro”. Sus compañeros cuentan que el chaval tenía una lista negra y decía que iba a matar a su profesor. Seguramente, si pusiéramos en fila a todos los que aseguran cada día que han pensado en darle boleto a su profesor, su jefe o su cuñado, llegaríamos hasta Madrid. Y mucho antes que el AVE.   
Creemos que si miramos en su perfil de Facebook y vemos que le gusta un cierto tipo de música, de cine o de videojuego encontraremos el motivo que le llevó a cometer tal atrocidad. Conozco a gente pacífica que adora los videojuegos violentos, precisamente como válvula de escape, para matar zombis de forma salvaje en una realidad alternativa y volver más relajados a sus tareas diarias sin tener que cargarse a nadie.
Buscamos excusas, motivos, alguna señal sobre lo que pueda haberle movido y tratamos de encontrar la más mínima brizna de anormalidad en cosas que, normalmente, son normales. Somos incapaces de entender que alguien haga algo tan horrible y que, a veces, no existe razón para la sinrazón.
Puede que, en este caso, el niño tenga algún problema psiquiátrico que nos ayude a comprender su comportamiento pero, a veces, si la hay, la explicación es tan triste como la de aquella tragedia que cantaban los Boomtown Rats de Bob Geldof. Brenda Ann Spencer, de 16 años, disparó desde la ventana contra una guardería; hirió a ocho personas y mató a dos. Le preguntaron por qué y, tras encogerse de hombros, respondió: “Odio los lunes”.

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