UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICA

|

El politólogo David Held nos enseñó y a la vez clasificó en once las tipologías de democracia. Cualquier estudiante de Ciencias Políticas debería haberle leído como a Liphart, aunque Bolonia y sus desastres permiten ya cualquier liviandad en el pensamiento y la formación. John Kerry adjetivó y juntó intencionadamente estos dos términos, democracia y auténtica. Consciente de la trascendencia del momento histórico y también del fracaso absoluto de la obstinación del embargo y el bloqueo durante más de cincuenta y cuatro años presidió en el viejo Malecón de La Habana el izado de la bandera de las franjas y estrellas en presencia de tres exmarines que tuvieron en 1961 que arriarla, doblarla y devolverla a casa. La perla del Caribe, que tanto ambicionaron los norteamericanos del XIX está más cerca de Estados Unidos. Poco más de un centenar de kilómetros para medio siglo de discursos beligerantes y obstinados. Diez presidentes de Estados Unidos han pasado. Los Castro siguen. Es la historia, sus caprichos, sus indolencias y sus frivolidades. O tal vez su azar y sus meros designios. 
La emotividad del acto no reñido con una sencillez extrema encerró mucha historia, y una carga simbólica encomiable. El deshielo y la indiferencia, el recelo y la incertidumbre poco a poco irán dejando paso a una cierta normalidad no exenta de tensiones y alguna desconfianza menor. Nada cambia de la noche al día. Lo súbito es sinónimo de precipitado y a la vez imprevisible. Pero es un gran paso. La normalidad que nunca debió romperse y que fue objeto de las bambalinas del poderío mundial y su hegemonía entre las dos grandes potencias de la guerra fría. Ayer definitivamente ésta terminó en un anacronismo que sólo continúa en el paralelo 38 y las dos Coreas.
Kerry no podía estar en La Habana y no aludir a una democracia verdadera, a la libertad de partidos y a la elección de sus líderes y la libertad de expresión. Demasiados focos y miradas estaban puestas en esta escena e iconografía donde la disidencia ha sido silenciada por todos. El futuro de Cuba sólo lo pueden escribir los cubanos. Todos. El tiempo dictará su veredicto a la vez que absolverá o no a unos y a otros. El tren acaba de arrancar. La isla es un país que despierta el interés y el apetito de empresas e inversores. Todo o casi todo está por hacer. Las reglas de juego se están empezando a trazar y dónde y cómo realizar inversiones, oportunidades de comercio, etc. Es la vuelta a una normalidad que debe tener como protagonistas a los ciudadanos. Pero para que llegue este último momento, el de la normalidad para los ciudadanos muchas cosas tienen que pasar, verse y acaecer. Libertad y dictadura son conceptos antagónicos. Disidencia, partidos y derechos humanos son algo que no se puede ignorar porque no es una mera entelequia. Con la caída del embargo comercial debería llegar el del embargo emocional. Pero también el de la verdad y la mentira. Kerry viajó a La Habana. Lo más fácil ya está hecho. Ahora llega la resaca.

UNA DEMOCRACIA AUTÉNTICA