JUDAS

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Gracias a la intervención de Judas, que cobró de Anás, sargento del Sanedrín, 30 denarios de plata por entregar a Jesucristo (el Maestro, o el Mesías, que de todos esos nombres era conocido), éste fue prendido por los romanos, juzgado, torturado y crucificado. La organización de la Semana Santa rememoró este año tan cruenta efeméride, sin restricciones, y sólo procesionalmente (¡lástima!), gracias al alcalde de Ferrol, que donó graciosamente 70.000 euros del erario público municipal.

Al cambio actual, según el BCE, con esta pasta podría entonces hacerse, no una procesión, sino una masacre. Pero, lo que son las cosas; arrepentido Judas de lo que había hecho, quiso devolver a Anás y a su yerno Caifás las dichosas treinta monedas. Fuera por entender que había intención de regateo por parte de Judas, por ser gente de palabra, y a pesar de ser judíos, los del Sanedrín no quisieron aceptarlas. Alegaron que estaban manchadas de sangre, y quedaron como dios.

Judas –no se sabe si arrepentido, o encabronado– arrojó las 30 monedas al interior del templo, buscó una higuera de buen porte y, en una de sus ramas, se ahorcó. Afirmo que no es intención de crítica; pero, de no tener el alcalde de Ferrol propósito de devolver la pasta a su lugar de origen (siguiendo el ejemplo de Judas con la suya, por lo que fuera), el que suscribe, no vería con malos ojos que el alcalde adoptara, “motu proprio”, otra disposición, acorde al caso comentado.

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