“¿1,6 millones de euros? Poca cosa para una web”

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Me asalta y me sorprende la noticia de que la remodelación de la web del Congreso ha costado cerca de un millón seiscientos mil euros. Busco en la web signos mágicos, avances espectaculares en la interactividad y no los hallo. Que no digo yo que la remodelación de la famosa web no fuese necesaria... Pero, hombre de Dios, un millón seiscientos mil euros es una barbaridad, y conste que sé que la empresa constructora es solvente y que el encargo procede de administraciones anteriores a la señora Batet. No critico, por tanto, a las personas, sí a un sistema, casi ancestral, que no se para en barras a la hora de gastar desde ciertas instituciones, desde bastantes gobiernos: el ahorro queda para el sector privado, para los autónomos, para el ciudadano de la calle.

Pregunto a quien corresponde y su réplica me suena a pretextos: que si es muy complicado hacer una web de una organización tan ramificada como la Cámara Baja, que si había que atender a muchos frentes informativos*”No es mucho dedicar 1’6 millones de euros a dignificar la presencia del Parlamento ante la sociedad”. A mí, que he tenido que encargar y elaborar no pocas webs -sin duda mucho más simples, pero no 1’6 millones de veces más simples que la del Congreso_la verdad es que sí me parece muchísimo dinero. Como el que se gaste más de medio millón en desplazamientos de Sus Señorías en el último trimestre, que ha registrado una escasísima actividad parlamentaria debido a la pandemia. Quizá eso de dignificar al Parlamento consista en otra cosa; por ejemplo, elevar el nivel en esas sesiones de control al Gobierno. O celebrar de una vez un debate sobre el estado de la nación, cosa que no se realiza desde hace cinco años.

Pero no quiero fijarme solamente en el Legislativo, cuando también el Judicial y, de manera muy especial, el Ejecutivo son tradicionalmente máquinas gastadoras, y más ahora que batimos un récord de vicepresidentes, ministros, asesores y*allegados varios, en suma. Así, pienso que carece de sentido el que algunas partidas presupuestarias hayan incrementado la dotación a Departamentos como igualdad y Consumo en porcentajes desorbitados, como me resulta escandaloso que alguna empresa pública, por ejemplo Correos, haya invertido cientos de miles de euros en el cambio de su logotipo y en comunicación y aquí nadie diga nada.

Todo ello responde al viejo atavismo de que ‘el dinero público no es de nadie’. Una concepción muy peculiar del servicio público, que hace remodelar una web tirando la casa por la ventana, pero olvida incluir en esa misma web una ‘línea caliente’ de contacto con el consumidor de ese bien, tan imprescindible en una democracia, que es el Legislativo. Seguro, claro, que una empresa privada no hubiese olvidado establecer un canal de comunicación con el cliente. Pero siendo todos nosotros clientes cautivos, o simplemente ignorantes de la existencia de esa web, para qué incluir un canal que podría provocar críticas molestas. Y eso, las críticas a la acción política, sí que no. Por cierto, no he escuchado ninguna protesta de parte de parlamentario alguno sobre el coste del ‘portal parlamentario’ de la Cámara Baja. No hay costumbre: total, es dinero público...

“¿1,6 millones de euros? Poca cosa para una web”