Andalucía como anticipo

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Puede que parezca exagerado, pero un elemento esencial en el espectacular resultado obtenido por Vox en los comicios andaluces (396.000 votos, 12 escaños) ha sido la constante estigmatización de este partido llevada a cabo por los candidatos de la izquierda con Susana Díaz a la cabeza. La fábula de Pedro y el lobo hecha realidad. Es lo que tiene hablar del futuro para hurtar la reflexión sobre los problemas del presente. Tras treinta y seis años de gobierno en la Junta, el PSOE ha sufrido su peor derrota electoral. Sigue siendo el partido más votado pero la suma de los 26 escaños obtenidos por el PP más los 21 de Ciudadanos más los conseguidos por Vox desplazan la hegemonía hacia el territorio de la derecha y permitiría un cambio de gobierno.
Las urnas han sido fuente de sorpresas. Una de ellas invita a la reflexión. Es el caso de El Ejido, que tiene 10 puntos menos de desempleo que Andalucía (23%) y cuya población es en elevada proporción de origen emigrante Vox fue el partido más votado. Conclusión: la emigración genera una preocupación que está por encima de otras como el paro o las deficiencias sanitarias tenidas tradicionalmente como determinantes a la hora de decidir el voto. La irrupción de Vox, un partido de extrema derecha, antieuropeísta y xenófobo, guarda simetría con lo ocurrido en Francia, en Italia o en Alemania, donde los partidos de esta ideologías delatan los miedos de una parte de la sociedad.
El PSOE ha sufrido un retroceso notable y también Podemos. ¿Pueden extrapolarse estos resultados al mapa nacional? Sí, pero con cautela. ¿Por qué? Pues porque antes de unas elecciones generales están ya señaladas para mayo las municipales, europeas y el resto de las autonómicas y ese escenario puede deparar resultados no necesariamente simétricos con los andaluces. En función de lo ocurrido en Andalucía los más probable es que Sánchez se atrinchere en La Moncloa y decida agotar la legislatura. Estaríamos hablando de 2020. En política, un año y medio es una eternidad. Da para todo. Incluso para empeorar las cosas.

Andalucía como anticipo