Un poema de Shakespeare

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Nuestro Ayuntamiento, con la polar singularísima del teatro Rosalía de Castro, mantiene el buen rumbo y travesía feliz de las actividades dramáticas programadas. No importa que sean reposiciones de estrenos, porque cualquier representación es única en su desafío, propuesta y resolución.
Ahora con “La violación de Lucrecia”, de Willian Shakespeare, ofrecida por la compañía Producciones Seoane. Coliseo a rebosar. Público respetuoso, entusiasta y disciplinado. Clima dramático y preciso que sigue y mantiene el convincente y estupendo monólogo de una espléndida actriz, Nuria Espert, que se supera a sí misma.
El argumento narra el ocaso de la vieja monarquía romana y advenimiento del nuevo régimen republicano. Ira, pasiones, rencillas, locuras, conmociones personales. Las manos del genio de Avon manejan los hilos de estas trágicas marionetas con la impronta de su talento.
Un poema que rezuma belleza pese a la violencia de muchas situaciones. Un clima angustiosos que bebe en las leyendas de la fundación de Roma y consiguientes luchas por el poder con aportación femenina en las intrigas. Convence al crítico más exigente.
Pero el espectáculo alcanza plenitud en su totalidad. Además de la inspirada actuación de la gran dama de nuestra escena, tres componentes redondean el ruidoso éxito: una dirección impecable, rítmica y contenida por parte de Miguel del Arco; la definidora iluminación de Juanjo Llorena y la inquietante, glamourosa e íntima escenografía de Ikeme Gi-ménez...
Así remedemos el aforismo de Baltasar Gracián: “Más se requiere hoy para un buen espectáculo teatral, por las exigencias que conlleva, que en la época de los cómicos de la legua que recorrían nuestros pueblos y aldeas”.

Un poema de Shakespeare