O tontos o imbéciles

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lo bueno que tienen las palabras es que lo aguantan todo, hasta las estupideces de quienes las moldean para ajustarlas a su malintencionado discurso. A cuenta de la crisis secesionista tenemos muchos ejemplos de esta situación. Por ejemplo, quienes se empeñan en definir como presos políticos a unos delincuentes que, además, actuaron sabiendo que lo que hacían podía provocar su detención. La cuestión es que, de quienes se debe esperar el máximo respeto a la Ley, se han convertido, en algunos casos, en exponentes del sinsentido, repudiando la aplicación de la normativa cuando los afectados son amigos o allegados, aunque solo lo sean en el plano ideológico. ¿Cómo es posible que haya políticos que exijan al gobierno la encarcelación de los secesionistas encarcelados? O una de dos, o son tan tontos que no tienen ni idea de la separación de poderes en la que se basa un Estado de Derecho, o, por el contrario, son unos imbéciles que pretenden cargarse, precisamente, ese Estado de Derecho.

O tontos o imbéciles