NOCHEBUENA Y DEDICATORIA

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Encontré a Petapouco en el estanque de los jardines de Méndez Núñez. Cabizbajo, ojos perdidos contra el monumento de Concepción Arenal. “Más que nunca –dijo- necesitamos justicia en los tiempos que vivimos de penuria moral. Coincide la demanda con Navidad. Cuando la tierra arropa manto de paz para los hombres de buena voluntad. Cuando también los ciudadanos nos toleramos y confraternizamos mientras los malditos políticos abren odios entre nosotros y siembran discordias… Por eso hay hechos en las administraciones públicas –árboles adornados, mil fiestas domésticas– para recordar al pastorcillo de Rafael- ropo pompón, ropo pompón- que marcha a Belén”.
Te veo pesimista –aduje– u optimista bien informado. Pero ya sobrepasamos el túnel y los jugosos prados aguardan. –¡Pamplinas! –replicó agresivo– Hay que ver el cuaderno de caligrafía y comprobarlo. Similar a esa construcción, conmovedora y angélica, ideada por el seráfico Francisco de Asís. Los “nacimientos” que montamos en nuestros hogares –corcho, musgo y papel plata- para adorar al Niño entre las pajas, arrullado por la mula y el buey, aunque un teólogo alemán, Joseph Ratzinger, lo haya puesto en duda. Sin embargo yo, más papista que el Papa, colocaré en el portal mis figuras de barro.
–“Hasta ahí podíamos llegar –prosiguió–. Lucas nos trae la buena noticia. Ha nacido el Mesías. Y esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales. ¿Cuándo, me pregunto, encontraré los buenos señores para sacar adelante nuestra España? Un nuevo Cid que recite su romancero –edición catalana 1884–. Joya bibliográfica que me ha regalado un amigo con singular e inmerecida dedicatoria: “Ante la desolación que me causa la España que contemplo, tengo la esperanza y la certeza de que mientras quede un solo español con tu magisterio espiritual y tu forma de ser, España volverá a ser un país justo…

NOCHEBUENA Y DEDICATORIA