El permanente bloqueo de las terrazas

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LA obsesión de la Marea, nasía pa’ganá, con las terrazas es digna de un estudio; psicológico, parapsicológico, sociológico, económico, laboral... ¡vaya usted a saber!, pero, desde luego, hay que ponerla bajo la mirada de un experto, porque no es normal que cada dos por tres los hosteleros acaben llorando a consecuencia del castigo que les aplica el Ayuntamiento. La última machada municipal ha sido conceder únicamente diez licencias de las alrededor de ochocientas solicitadas por los propietarios de los bares. Y no es que las otras 790 estén en el limbo; los funcionarios tramitaron los expedientes, les dieron curso, llegaron a los despachos y ahí murieron. Afortunadamente, ni el papel ni el soporte digital se pudre porque si no habría montañas de gusanos en la casa consistorial y María García, biotopo pata negra, hasta se vería ante el dilema de autorizar o no el uso de un insecticida. Para evitarle ese problemas, ¿no sería mejor trabajar y conceder los permisos?

 

El permanente bloqueo de las terrazas