OPERACIÓN CEREBRO

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Aunque los que viven en cierta esquina del mapa apenas se atrevan a sospecharlo, dado el gris insistente del cielo, el verano espera a la vuelta de unas semanas. Aquellos que lo duden solo tienen que encender la tele, echar un vistazo a una revista o revisar la propaganda del buzón. La operación bikini ha llegado, amigos. Cremas reductoras de efecto frío –o calor–, geles alisantes, fajas milagrosas, dietas ultrarrápidas, ofertas de dos por uno en el gimnasio e intervenciones que acaban con todo lo que sobra.
Lejos de censurar a los que se entregan a la puesta a punto estival, opción tan lícita como lucir con orgullo por playas y piscinas los michelines y las cartucheras alimentados con esmero durante los meses de frío, alabo de corazón su determinación. Ya la quisiéramos muchos, incapaces siquiera de plantearnos la idea de rebajar el número de magdalenas del desayuno. La cuestión es que la operación se queda coja. Los hábitos saludables para el cuerpo, ya sean para poder entrar en el vestido de la temporada pasada o por pura convicción, son tan necesarios como los de la mente. Y sin embargo nadie se preocupa de enseñarnos qué hacer con ella en vacaciones. O el resto del tiempo.
No encontraremos entre los más vendidos de la librería un manual de “Temas de conversación para las tardes de terraza”. Avisado queda que relatar las anécdotas de la visita de los primos de Cuenca no es una opción. Tampoco hay guías para dejarse en casa los prejuicios cuando se sale de viaje. O para superar esa imagen de turista ojiplático y boquiabierto que cada dos pasos se para en medio de la acera para consultar el mapa y encuentra fascinante lo que en su ciudad sería corriente. No se ofrecen entrenadores personales con métodos infalibles para evitar los remordimientos de conciencia si no atendemos el teléfono cuando tienen el mal gusto de llamarnos del trabajo. Y, por supuesto, no se venden cápsulas contra la incontinencia verbal y el complejo de tertuliano. Con la falta de hacen.
Hay todo un campo sin explorar que sería el complemento perfecto para los planes de eliminación de centímetros de cintura. Que lucir cuerpo está muy bien, pero lucir cabeza además enriquece. Y tiene la ventaja de que se puede hacer con cuello vuelto y abrigo hasta los pies. Señores de las editoriales, los medios de comunicación, la industria farmacéutica, el deporte y demás: operación cerebro, ya.

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