Suerte y naturalidad

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Pasó la obra de Eligio Vila instándonos a la meditación, sinfónicamente hablando. Pudo ser producto del estado anímico nacido, buenamente, al amparo de la escucha de su obra, aunque estamos convencidos de que se redujo al título de su composición, “Meditaciones Sinfónicas”. Obertura. Mundo adelante, Vila es un compositor apreciado por la dirección musical de la OSG, pues ésta fue la quinta partitura en sus atriles. Por lo demás, el resto del programa fue atractivo e interesante, con el “Concierto para dos pianos en Re m” de Poulenc, y “Le Baiser de la Fée” de Stravinski.

El Concierto estuvo interpretado por el “dúo del Valle”, formado por los hermanos Luis y Víctor, que tocan juntos, oficialmente, desde 2004. Este dúo convirtió la partitura de Poulenc en una obra con multitud de matices diferentes, saliendo de sus manos momentos de calidad artística realmente grandes. El propio Poulenc lo compuso de manera que permite su recreación jugando siempre con aspectos interpretativos variados, moviéndose entre cambios rítmicos y temáticos de procedencia e inspiración dispares. Vinieron así, a nuestros oídos, reminiscencias y alusiones a Bach, Mozart o Chopin, y su interpretación, si no de forma llana, sí de manera transversal, exige el conocimiento de formas y estilos diversos y su posterior conjunción musical. La interpretación de este dúo consiguió uno recreación perfecta, partiendo del estudio de las partes y detalles y concatenándolos en un todo indivisible.

No tocando de forma igual, pues hay diferenciaciones técnicas y de sonido, consiguieron hacer de ellas un aliado ideal: Víctor es menos aparente, más sobrio, y Luis más teatrero, con un sonido más denso y mayor rango dinámico. Así, el diálogo se hizo diáfano y cuando uno de ellos expuso una idea, recibió del otro una contestación detallada, diferente y particular, con lo que la riqueza del diálogo quedó subrayada.

La obra de Stravinski resultó ser, por densidad y carácter, una oportunidad para la calma, especialmente tercer y cuarto movimientos. Dirigida por Guillermo García Calvo, esta maravilla compositiva lució con extrema claridad de planos orquestales y con buen enfoque tímbrico y rítmico.

 

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