La botánica onírica de Patricia Blanco

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En la Fundación CIEC de Betanzos expone la artista Patricia Blanco una serie de aguafuertes, cuya temática es la flora fantástica que ella inventa, sirviéndose de la hibridación de formas de la naturaleza: hojas, flores, bulbos, raíces, ramas..., pero combinándolas de un modo absolutamente inédito y dándoles, incluso, formas antropomórficas. 
De ahí el título de Botánica onírica, porque, efectivamente, son criaturas que parecen extraídas del territorio de los sueños o de los relatos infantiles donde hace aparición lo feérico: el mundo de las hadas, de los gnomos, de los elfos y demás espíritus de los bosques, de las aguas, de la tierra o del aire; así que podrían muy bien servir para ilustrar :  aquellos cuentos que nos fascinaron en la infancia: los cuentos de Andersen, de Grimm, de Lewis Carroll..., que recogen tantas tradiciones populares, de cuando los seres humanos, aún no dominados por el lado izquierdo del cerebro que es de la razón, mantenían vivos los canales que comunican con otros mundos. Hoy es raro encontrar artistas que sientan interés por estos temas, salvo que alguna editorial dedicada al libro infantil, les haga un encargo. 
Por ello la obra de P. Blanco resulta una excepción y su flora tiene las connotaciones de lo maravilloso; son plantas extrañas a las que ella ha dado una taxonomía espacial: Hiedrarpía, Encefaloceiba, Morfeolevitadora, Sospechosatrapadora, Coronalucinógena.... son algunos de los nombres que se ha sacado de la manga, para ilustrar unas morfologías que parten, curiosamente, en casi su totalidad, de un crecimiento ovular en espiral; es decir, que su mano obedece unos ritmos tan antiguos como el mundo y despliega sus incisiones sobre la plancha de grabado, al modo que lo hacían nuestros lejanos antepasados de los petroglifos; su flora se eleva curvándose y dibujando en el aire ondas que se transforman en flores con forma de cabeza, en frutos a los que les nacen ojos, en trepadoras que se enredan y dialogan entre sí, contándose historias de hogaño que aun llevan el perfume de antaño. 
No sabemos si el cansancio ante tanto arte de las  tendencias que venimos sufriendo, donde la imaginación está ausente, empieza a propiciar una ruptura, una rebelión silenciosa, pero lo cierto es que a  nosotros nos parece atisbar, de cuando en vez, por aquí y por allá, un soplo de aire fresco, de gracia recuperada, de sueños donde la belleza aún es posible.

La botánica onírica de Patricia Blanco