LA CIUDAD DE LOS “HOMBRES MILAGRO”

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Hubo un tiempo en el que en A Coruña abundaban los “hombres milagro”. Bajo esta denominación se incluía a todas aquellas personas que, pese a tener sus cuarteles generales en una ciudad de tamaño medio de la periferia de un país tan periférico como España, destacaban en su campo de actuación. Tal vez el ejemplo más claro de los “hombre milagro” es Amancio Ortega. Fiel a sus raíces, ha conseguido ser la tercera fortuna del mundo y construir un imperio planetario sin abandonar el polígono de Sabón o su costumbre de ir de tapas por algunos de los bares más añejos de la ciudad. Él sigue siendo el ejemplo a seguir, el paradigma del hombre hecho a sí mismo y, además, bien hecho. Pero no todos tuvieron un fin tan exitoso. Por el camino se quedaron algunos.

Uno de los damnificados por la crisis fue Manuel Jove. Como Ortega, consiguió convertir Fadesa, una pequeña constructora, en una empresa con presencia en medio mundo. Sus tentáculos se extendieron hacia América, Europa del Este o el norte de África. Y un buen día, cuando decidió vender la compañía, hubo bofetadas por un pastel que le reportó una nada despreciable cantidad de millones.

Desde ese momento, el día a día le ha dado algunas de cal y otras de arena. Invirtió buena parte de su dinero en el BBVA y las acciones se hundieron hasta el infierno y a través de Inveravante sigue en el mundo de los negocios, eso sí, también fiel a sus costumbres y desde sus oficinas de A Coruña, lo mismo que cuando dirigía el gran imperio que fue Fadesa.

Otro de los peor parados del grupo de los superhombres es Lendoiro. Desde la nada creó un club de fútbol capaz de codearse con la realeza balompédica de medio mundo. Una Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas son un palmarés que ni los más viejos de A Coruña soñaron que su club consiguiría algún día y que despierta la envidia de muchos.

Por el medio presidió el PP provincial y la Diputación, compaginando la política y el deporte, y se convirtió en una de las pocas personas que cobraba una millonada, en lugar de pagar, por estar al frente de un equipo de Primera. Ahora, el club agoniza en lo económico, está a punto de reventar en lo social y mira con demasiada fijeza a Segunda.

El “hombre milagro” parece desvanecerse como ha hecho José Luis Méndez, adulado cuando dirigía Caixa Galicia como uno de los grandes gestores y que ahora ve como hasta el PP apoya que se le retire el título de hijo predilecto de la ciudad en la que nació sin que haya cometido delito alguno. Su único pecado ha sido equivocarse en la gestión. Un error en el que incurrieron él y otros diez mil. Lo curioso es que los mismos lisonjeros babosos que besaban por donde pisaba son los que reniegan de las fotos que llenan las hemerotecas y piden su cabeza. Seguro que aparece alguien se la sirve en bandeja.

LA CIUDAD DE LOS “HOMBRES MILAGRO”