Un exceso de confianza

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CON tanta alerta vermella y tanta ciclogénesis explosiva que últimamente ronda por Galicia está pasando como en aquel cuento de ¡qué viene el lobo!, que la gente está empezando a tomarse un poco a la ligera las alarmas meteorológicas. Es cierto que en muchas ocasiones (y los medios de comunicación tenemos parte de culpa por magnificar las posibles consecuencias), lo que iba a ser poco menos que una hecatombe planetaria, termina convertido en un temporal de los de siempre, con lluvia, agua y viento, como siempre sucedió por estos pagos. Aún así, hay que reconocer que cualquier aviso que prevenga una posible desgracia es siempre bienvenido y que es mucho mejor pecar por exceso que por defecto. Y, una vez explicado todo esto, la verdad es que resulta sorprendente que un nonagenario se meta en las aguas de la playa coruñesa de Riazor, con olas de siete metros y alerta naranja. Su imprudencia tuvo final feliz gracias a una persona que lo auxilió, pero, la verdad, es que parece que alguien pecó de exceso de confianza...

Un exceso de confianza