Esclavos de la libertad

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La libertad podemos imaginarla cómo, dónde y con quién queramos, pero es un ser individual que se contiene y nos contiene en una vibración de íntima rebeldía que nada tiene que ver con ese ser contradictorio y cobarde que se expresa en masa. Sabe de nosotros y lo hace con asco porque no es sino un fondo de resentimiento hacia lo humano que la coarta en su verdadera esencia, la ferocidad. La libertad es ferocidad. Por esa razón nos fascina al extremo de convertirla en objeto de culto capaz de cambiar el rumbo político de un país por el simple hecho de ejercerla, de darle rienda suelta mostrándonos capaces de romperlo todo hasta los tuétanos.


Es en ese momento cuando la libertad pasa a ser un verdadero instrumento revolucionario y la revolución un enorme montón de ruinas salvajes habitadas por seres indómitos, feroces y finalmente amos, en eso se convierten los hombres que ven en la libertad el perfecto arquitecto de una estructura social armónica y justa, ignorando que ella es un artefacto de demolición, que está en nosotros no para redimirnos sino para destruirnos.


La libertad es un desafecto subterráneo y cautivo, el de sabernos y sernos en la dudosa utilidad de la existencia. Nada expresa, odia la expresión que la obliga y expone. No es ella quien teatraliza en la calle, somos nosotros que no sabemos qué hacer con ella.


Batalla tu libertad hasta allí donde linda contigo y serás un hombre libre de su libertad.

Esclavos de la libertad