Las primeras esposas

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Siempre me ha llamado la atención que los poderosos suelen caer no por una gran jugada de sus enemigos, sino por los detalles más nimios. A Al Capone, lo que le llevó a dar con sus huesos en la fría prisión de Alcatraz fue algo tan tonto como no estar al día con Hacienda. Para Hollande o la familia Pujol, el cabo suelto fue la ex. Ya lo dice Eric Beigbeder en ‘El amor dura tres años’: “El primer año se compran los muebles; el segundo año, se cambian los muebles de sitio, el tercer año, se venden los muebles”. Le falto el cuarto, cuando se tiran los muebles a la cabeza.
Bien es cierto que esta máxima no se da siempre: hay matrimonios de los llamados civilizados que tras la ruptura hasta se saludan cuando se encuentran en el supermercado. Como Demi Moore y Bruce Willis, que cada vez que montan un sarao invitan al actual, al anterior y a la pareja de la pareja. Al margen del problema que supone tener sillas en casa para tanta gente, no es lo habitual.
Que se lo digan si no a Françoise Hollande, que cometió el error de engañar a la que primero fue su amante y después novia oficial, Valérie Trierweiler, quien ha publicado un libro en el que se ha quedado a gusto. Aunque los franceses son más permisivos con los secretos de alcoba que los estadounidenses, el retrato que realiza la despechada ayuda a hundir un poco más su ya deteriorada imagen.
Las separaciones tampoco han ayudado demasiado a los Pujol. Fue Mercé Gironés, casada con Jordi Pujol hijo, quien cantó la Traviata en cuanto le colocaron el “ex” delante. Y lo mismo hizo Mayte Zaldívar cuando descubrió el lío de su marido Julián Muñoz, alias Cachuli, con Isabel Pantoja. Ahí fue cuando le empezó a extrañar que en lugar de billetera llevara amplias bolsas de basura.
Y, claro, tuvo que contarlo. En prime time y previo cheque, eso sí.
Coincide que todas son mujeres, pero esto sucede porque el poder suele estar en manos masculinas. Con la igualdad, lo normal sería que el número de despechados cantarines acabase equiparándose.
La moraleja es que ni la Guardia Civil de Carretera ni la Interpol te persiguen con la saña que puede llegar a emplear un ex. Así que, si han pensado en llegar a la edad adúltera, mi consejo es que, primero, purguen sus pecados y cuiden la chispa en su relación con Hacienda.

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