Sucesores

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Ll Ayuntamiento de Barcelona ha decidido retirar la medalla de oro de la ciudad al rey Juan Carlos. Han sido más rápidos que con Franco, a quien despojaron de honores póstumamente el año pasado, en 2019.

Como la decisión ha sido aprobada democráticamente por una corporación que tiene el mismo derecho a otorgar honores que a retirarlos, y dado que el rey emérito ha acumulado deméritosque podrían ser incompatibles con reconocimientos recibidos en el pasado, nada que decir.

Sí que sorprende, sin embargo, que el texto que recoge el legítimo acuerdo municipal se haya convertido en un cajón de sastre en el que ha tenido cabida también la reclamación del derecho de autodeterminación, la reprobación del Gobierno de Sánchez y la afirmación de que la monarquía es “sucesora del franquismo”.

Y este último es un mantra peligroso, porque siendo el término”sucesor” tan amplio, si consideramos que la monarquía sucedió al franquismo, dato indiscutible, deberemos convenir que todas las instituciones democráticas actuales también son sucesoras del franquismo, hasta la alcaldía que ahora preside Ada Colau.

Olvidan quienes sostienen semejante argumento el relevante hecho de que entre el sucedido y el sucesor hubo un proceso constituyente que transformó la dictadura en democracia y, en consecuencia, que la fuente de legitimidad democrática de la monarquía reinstaurada es la misma que la del resto de poderes estatales, autonómicos y municipales de nuestra actual democracia.

Deberían ser más cuidadosos los representantes políticos con este tipo de afirmaciones. No para eludir debates necesarios, sino para afrontarlos con la profundidad y seriedad requeridas. Es evidente que el debate sobre la monarquía se ha abierto de par en par en España y debe ser afrontado. No solo por el anacronismo de la institución en términos históricos, sino por el anacronismo de algunos privilegios que, increíblemente, la democracia otorgó a la monarquía parlamentaria en el 78.

Y el de la irresponsabilidad absoluta que protege al rey hasta del delito porque impide juzgarlo, es insoportable. Como lo es la preeminencia del hombre sobre la mujer en la sucesión, aún vigente, soslayado por la casualidad de que el rey Felipe sólo ha tenido hijas.
Así que si deseamos ser serios afrontemos la reforma necesaria de la Jefatura del Estado para actualizar la monarquía o, por qué no, para plantear la posibilidad de la instauración de una república. Sin olvidar nunca que ni una ni otra forma de Estado son por sí mismasexcelentes o deleznables. Hay reinos que son impecables democracias yrepúblicas que envuelven dictaduras gobernadas por impresentables sátrapas. Y viceversa. Y no sé por qué se me han venido a la cabeza los Emiratos Árabes Unidos hasta donde quizás hoy llegue un burofax remitido en Barcelona.

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