RAJOY, HERMÉTICO

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Mariano Rajoy no tiene quien le comunique. Tanto él como su equipo utilizan prosa administrativa cuando urge, más que nunca, valerse de las mejores técnicas y métodos para alcanzar impacto psicológico en el modelado de la opinión pública. Los electores le han dado apoyo rotundo y, sin embargo, la arena en sus engranajes de comunicación no transmiten lenguaje racional y creíble… Valga, como ejemplo, esa TVE –sufragada con dinero de todos– que le zurra la badana día sí y otro también, pese a su mayoría absoluta.

Rajoy necesita un audaz director de campaña mediático y que todos colaboren eficazmente con él

La oposición y los separatismos recalcitrantes no sólo han desmembrado España sino que siguen declarándose “inocentes” –tras diez años en el poder–al mantener el culto a la personalidad de siniestros personajillos, enfundados en el folclore –“mise en scéne”– de la “superioridad” moral de la izquierda.

De aquí deriva la necesidad de que Rajoy encuentre un audaz director de campaña mediático y todos colaboren eficazmente con él. Como aquel Josef Goebbels –abstracción de su nazismo radical y nihilista– que hasta el último momento apoyó a Hitler y mantuvo la fe en la victoria del III Reich con informaciones y propagandas de armas secretas que depararían el triunfo final…

De aquellos tiempos gloriosos del ejército germano data un chascarrillo que acredita mi aserto. Preguntados Aníbal, Julio César y Napoleón qué arma alemana elegiría cada uno para sus campañas, contestaron: Aníbal, que la aviación creada por Göring, pues así habría evitado el paso por Pirineos y Alpes para derrotar a Roma; Julio César, se decantó por las divisiones acorazadas y su guerra relámpago que le permitiría conquistar las Galias en quince días; Napoleón, sonriendo, aclaró “a mí me gustaría haber contado entre mis generales con el doctor Goebbels… y a estas horas el mundo creería que había vencido en Waterloo”.

RAJOY, HERMÉTICO